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El chapucero castigo a los nazis tártaros y la finalidad política de Eurovisión

Hoy se cumplen 72 años del comienzo de las deportaciones de los tártaros de Crimea hacia Asia Central por parte del gobierno soviético, un asunto que en los últimos días ha vuelto a estar de actualidad gracias a Eurovisión. La ucraniana Jamala ganó in extremis (hay quien ha hablado de tongo para que no ganase Rusia, pero tampoco vamos a caer en acusaciones sin fundamento) el festival representando a su país, gracias a su canción “1944”, tema que trata sobre cómo su bisabuela (de etnia tártara) fue deportada por el gobierno soviético.

Una canción y una victoria que han levantado ampollas y polémica, sobretodo porque el certamen del festival prohíbe tajantemente las alusiones políticas, sin ir muy lejos, el año pasado la canción que Armenia iba a presentar fue censurada por aludir al Genocidio Armenio (http://www.vozpartisana.info/2016/04/los-genocidios-silenciados-por-turquia/), bajo las presiones de Turquía y de Azerbaiyán; ni el famoso tema satírico “Chiki-chiki” de Rodolfo Chikilicuatre, presentado por España en 2008, se libró de las reglas, siendo obligado a cambiar una frase que decía “lo baila Rajoy, lo baila Hugo Chávez, lo baila Zapatero…“. Una prohibición que Ucrania ha logrado saltarse, vendiendo la canción como una “historia de drama familiar” en vez como una canción de cantoso carácter político.

También ha provocado polémica el hecho de que la canción victimizase a los tártaros de Crimea, teniendo en cuenta que fueron castigados por colaborar en la invasión de la Alemania Nazi a la URSS, incluida la propia protagonista de la canción: la bisabuela de Jamala, según reconoció la misma cantante en una entrevista a un periódico serbio.

Pero, ¿qué ocurrió para que el gobierno soviético, liderado entonces por Iosif Stalin, decidiese imponer tan dramático, y sinceramente injusto, castigo?

Como he dicho antes, la deportación de los tártaros de Crimea fue un castigo impuesto por colaborar con la invasión nazi en la II Guerra Mundial, formando la Tatarische Legion (Legión Tártara), una unidad de la Wehrmacht que cometió auténticas atrocidades (sobretodo contra judíos y rusos) en Ucrania y Polonia, quemando aldeas enteras, violando a las mujeres, y quemando vivos a bebés. Es más, estas unidades fueron finalmente disueltas por las autoridades a la Wehrmacht, ¿la razón? “excesiva brutalidad con la población civil y poca manejabilidad”, según los informes alemanes.

Sin embargo, aunque la unión a los invasores fue bastante general entre los tártaros, ¿fue justa la deportación de absolutamente toda la población tártara de la Península de Crimea hacia Asia Central?, en la opinión de un humilde servidor: no. Muchos tártaros lucharon también en el Ejército Rojo contra los nazis, y también hubo colaboracionismo por parte de los ucranianos, ¿por qué ellos no recibieron el mismo castigo?

Fácil: la región de Crimea siempre fue una zona con mucha hostilidad racial entre rusos, ucranianos y tártaros, de ahí la colaboración con los nazis. Pero esta situación elevó el odio y el resentimiento de la población civil hacia los tártaros, se puede decir que injustamente, hasta límites extremos, es más, cuentan las crónicas de la época que los agentes del NKVD que participaron en las deportaciones tenían que proteger a los tártaros, que no paraban de recibir pedradas de la población local (misma razón por la que también se deportaron italianos de Yugoslavia y Dodecaneso, alemanes de Rumanía y Polonia, y polacos de Bielorrusia y Ucrania, con la aprobación de todos los gobiernos Aliados). Aún más, cuando los tártaros volvieron “su hogar” tras la caída de la URSS, seguía existiendo un enorme resentimiento hacia ellos (como explicó en un artículo el periodista Sebastián Serrano, en El País, en 1992).

Tal vez las intenciones fuesen buenas, incluso entendibles, pero, para un servidor (que se autodenomina marxista, y por ende, nunca debe perder la capacidad autocrítica), estas medidas drásticas no fueron justificables ni acertadas (no seré yo quien juzgue a quien crea lo contrario), no hay justicia en que justos paguen por pecadores.

También es imperativo decir que las operaciones de deportación hacia Uzbekistán fueron una auténtica chapuza, dadas las prisas con las que fueron realizadas, debido a la mala gestión, y a la falta de previsión y de previsiones, alrededor del 7% de los 200.000 deportados murieron durante las deportaciones, y alrededor del 20% murieron durante el año siguiente a la deportación. Que cada cuál opine y decida si este es un punto negro, censurable, criticable y condenable, en la historia de la URSS, como ya he dicho, no seré yo quien juzgue a quien opine lo contrario.

Pero, ¿por qué Eurovisión vetó una alusión al Genocidio Armenio, y sin embargo permitió una alusión a las Deportaciones de los Tártaros? Muy simple, porque, por mucho que intente ocultarlo, el festival de Eurovisión siempre ha tenido un carácter de herramienta política, esta victoria de Ucrania favorecerá el acercamiento de la Unión Europea con la ex-república soviética, con vistas a una posible incorporación, la cuál se gesta desde el golpe de estado nazi-fascista del “Euromaidan” de 2014. La misma razón por la que el Genocidio Armenio fue silenciado por el festival, bajo la presión de Turquía, país que también está en negociaciones de adhesión a la UE.