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El aceite de palma y la explotación sexual de orangutanes

Aceite de palma: aceite de origen vegetal que se obtiene del mesocarpio de la palma aceitera (Elaeis guineensis), planta cultivada principalmente en África Occidental y el Sudeste Asiático. Es el tipo de aceite que más se comercializa y exporta en el mundo, y el segundo que más se produce, tras el de soja. Se utiliza en la producción de biocarburantes, alimentación (sobre todo en dulces industriales), productos de higiene y de limpieza, plásticos, tintas y piensos para mascotas. Es insípido (perfecto para la industria alimentaria), no hace falta hidrogenarlo (ya que es sólido a temperatura ambiente), es barato, y además su cultivo es de gran rendimiento (hace falta menos tierra para lograr los mismos kilos que otros aceites).

Sin embargo, el mercado del aceite de palma tiene un lado oculto. Su cultivo y producción indiscriminadas lleva a la destrucción de selvas, masacres y tráfico de animales salvajes, y violaciones flagrantes de los Derechos Humanos.

Los principales productores de aceite de palma son Indonesia y Malasia, donde las empresas localizan los cultivos dentro de las selvas vírgenes, para lo cuál queman hectáreas de árboles (cabe destacar que el 20% de la producción mundial de CO2 proviene de las deforestaciones), incendios que pueden durar años debido a la altamente combustible turba (masa esponjosa compuesta por restos de vegetales muertos) que cubre el suelo de la selva, los cultivos además son incendiados y reciclados cada 25 años. Esta deforestación indiscriminada obviamente provoca la destrucción de hábitat y exterminio de muchas especies de animales, que son quemados vivos en el proceso, o atrapados para que no entorpezcan la producción, para a continuación ser vendidos en el mercado negro (sobre todo en Tailandia) a parques zoológicos, coleccionistas de animales o peleterías y carnicerías clandestinas.

Por culpa de esto, hoy en día solo quedan en libertad unos 2000 elefantes de Sumatra, unos 500 tigres de Sumatra, y unos 30 rinocerontes de Sumatra. Sin embargo, la parte más cruel tal vez se la llevan los orangutanes de Borneo: los machos en el mercado negro son vendidos y entrenados para enfrentarse en combates de boxeo con tintes cómicos; las hembras sufren un destino aún peor: la prostitución. Son vendidas a burdeles, donde son encadenadas, depiladas, perfumadas y maquilladas para que sufran abusos sexuales por parte de seres humanos, una práctica mucho más común que lo que un ser humano racional podría suponer. Famoso es el caso de la orangután hembra Pony, que fue rescatada en 2014 de un prostíbulo en Borneo.

Ni siquiera el ser humano se libra de las terribles consecuencias del monocultivo de la palma aceitera: no han sido pocas las denuncias que han recibido las empresas que plantan y explotan los cultivos, debido a las infrahumanas condiciones de cuasi esclavitud a las que someten a sus trabajadores; aunque bien es cierto que a muchos se les recompensa permitiéndoles abusar sexualmente de las orangutanes hembra prostituidas. Sin embargo quienes más sufren las consecuencias son las tribus indígenas de la selva indonesia, cuyas tierras son expropiadas por el estado, saltándose las propias leyes estatales hak ulayat (derechos de los indígenas sobre la tierra), y vendiéndolas después al mejor postor, para que, a continuación, las Fuerzas Armadas desalojen los poblados y trasladen forzosamente a los indígenas hacia otra tierra. Quienes se resisten son asesinados sin miramientos. Hasta la fecha han sido robadas más de 200.000 hectáreas a los indígenas.