Estado Español Internacional

Cinco noticias que no son noticia

Tras el comienzo de la nueva campaña electoral y las novedades anunciadas ─con la creación de la coalición electoral Unidos Podemos como mejor ejemplo─, cada partido debe centrar ahora sus esfuerzos, de nuevo, en convencer al electorado. Sin embargo, los responsables de canalizar esa información son los diferentes medios de comunicación, la mayoría de los cuales se ven puestos en tela de juicio por el ejercicio crítico de medios y periodistas con mayor independencia, así como por las redes sociales.

Si la crítica se puede centrar en varios puntos ─en cuestiones que van, digamos por ejemplo, desde el uso de un enfoque amarillista hasta la invención de noticias─, aquí querría detenerme en la muy politizada y parcial atención que prestan algunos de los más reconocidos medios a algunos espacios de actualidad. En particular, últimamente hemos visto que el trato a Venezuela es común. Querría comentar por encima, anotaciones al margen, cinco noticias que no merecen un editorial ni en ElMundo, ni en ElPaís, ni tampoco cinco minutos en el telediario de Antena3Noticias; son cinco noticias que no son noticia.

Las 28.161 personas desaparecidas en México.
El gobierno del conservador Enrique Peña Nieto ha comunicado el número de personas desaparecidas contabilizadas de forma oficial ─lo que deja de lado a muchos otros casos, que no se denunciarían debido al chantaje. Esta cifra, tomada aparte de los 43 estudiantes desaparecidos en la tragedia de Iguala, refleja varios de los problemas propios de los países latinoamericanos. En primer lugar, el narcotráfico (cuyo destino final es Estados Unidos, en la mayoría de los casos) y la lucha contra él; pero también la prostitución, el proxenetismo o la trata de personas; o, sin entrar en debates mayores, la falta de garantías legales a las que lleva el conflicto. Todos estos problemas no dejan de ser distintos productos de una pobreza extrema muy asentada, y de un gran mercado de drogas ilícitas que abren los Estados Unidos. Parece que no ha sido, en general, algo relevante para los tres medios mencionados. (Lo cual no deja de ser curioso, sobre todo en el caso de Antena3, en cuyo canal de youtube sí podemos ver tres vídeos acerca de Corea del Norte en una sola semana).

Los más de 400 activistas detenidos en EEUU en una protesta en el Capitolio.
El grupo Democracy Spring [Primavera Democrática] no ha secuestrado a nadie, ni ha entrado en archivos confidenciales, ni ha aireado información clasificada de ningún tipo: sólo se manifestaban frente al Capitolio, en Washington, para instar al Congreso a «poner fin a la corrupción de los grandes capitales». La policía ha detenido a más de 400 manifestantes, entre quienes estaban personalidades famosas, como la actriz latinoamericana Rosario Dawson.

Los más de 70.000 ecuatorianos que siguen sin hogar un mes después del terremoto. La ONU afirma que solo recibieron un 20% del dinero que pidieron para atender a los damnificados.
Menos extraño resulta que un escándalo que, al fin y al cabo, no es un gran impacto, sino más bien un proceso relativamente largo, no haya sido criticado por los medios que hemos comentado. El desastre natural que castigaba a Ecuador hace poco más de un mes acababa con la vida de 272 personas, y hería a alrededor de 2.500; 120.000 niños no pudieron asistir a clase desde entonces por el daño en los colegios, y más de 100 hospitales están también dañados; una agricultura que resulta en el fundamento de los recursos de exportación del país ha quedado gravemente rota. En fin, una tragedia que, ante la perspectiva que otorga la evolución del problema, debería darnos una idea de la deriva que sostienen los acuerdos humanitarios transnacionales, incapaces de ofrecer una solución digna a ello.

Las cargas contra refugiados con granadas aturdidoras y gases lacrimónenos por parte de la policía griega.
La noche del 17 al 18 de este mes, nuestra compañera Alba Puerto redactó la noticia al respecto en nuestro medio. En principio, la polémica parece clara: las instancias europeas, que habían querido legitimarse en base a sus estatus democráticos y de progreso social y económico, renuncian a acatar sus propias leyes en plena crisis humanitaria; y no sólo retienen a los refugiados, sin permitirles una vida digna y libre, sino que les obligan a desalojar el campamento de Idomeni. Frente a esto, algunos grupos de refugiados se resisten, como es natural. Personalmente, escribí en marzo acerca de este momento, que parecía, ya entonces, bastante previsible. En contraste, uno de los editoriales de El País para el día 18 refiere a Cuba, y en El Mundo esperan hasta el día 20 para escribir sobre la cuestión de la prohibición de la estelada ─con el muy adecuado título de Banderas: cuando los intolerantes piden respeto.

La nuit debout.
La nuit debout de París no levantó grandes titulares ni primeras planas. Los medios no hicieron grandes aspavientos, ni usaron palabras grandilocuentes. La nuit debout fue un fantasma, porque así nos lo contaron. Ninguno de los grandes medios habló de ello, ni mucho menos en los primeros días; todos se centraron en el desgarramiento del Partido Socialista francés, que pareció querer situarse a la derecha de la derecha, desde los terribles atentados terroristas en París. Pero sólo medios más pequeños y alternativos, así como activistas que estaban allí, anunciaron la continuada protesta. Y aunque su agenda sigue en pie y ofrece actividades día a día, el movimiento, casi dos meses después, no se ha extendido más allá de unos pocos países ni a instancias superiores. Como la Comuna, este movimiento no se asentó, ni dio frutos más sabrosos. Pero, como ahora se hace, bastó con que los poderes financieros encauzaran las cámaras de sus contratados; no ha hecho falta fusilar a decenas de miles de personas. Quizá eso sea lo peor: no ha hecho falta una respuesta agresiva, porque los responsables políticos frente a quienes se sentaban prefieren prevenir que curar.