Artículos de opinión

‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ o ‘cómo luchar contra el estigma’

¿Quién no ha visto nunca Alguien voló sobre el nido del cuco, película totem de la década de los 70 y paradigma del cine clásico, con Jack Nicholson comenzando lo que sería su andanza para convertirse en uno de los actores más significativos del siglo XX, y que culminaría en los 80 con El Resplandor y El cartero siempre llama dos veces?

Pero seguro que, la gran mayoría, la ha visto como la descripción de un loco, un demente, un violador, rodeado de locos y enfermos mentales. Los más benevolentes como una película de personas “con problemas”. Sin embargo, no es ese el tema fundamental del film, sino el tema del estigma, genialmente descrito por mi compañera María Sánchez en Enfermedad (mental) y estigma, siendo el cuadro del paciente un mero hilo conductor, una excusa, para denunciar la mala praxis en el ejercicio de la psiquiatría que existía en esa época y que fue duramente criticada a lo largo de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta (la película se estrenó en 1975), y cuyas críticas tuvieron efectos en la salud mental de todo el mundo, alejándose de la medicina tradicional y sabiendo adaptarse poco a poco a unos métodos más humanos que integraran la psicología con los tratamientos psicofarmacológicos, pese a que, entonces y ahora, se siga utilizando el mismo paradigma categorial que se hacía al inicio de siglo XX. En esta época se comenzó la llamada “desinstitucionalización”, lo cual, según López, Laviana y García – Cubillana (2006), implicaba “deshospitalizar (es decir encontrar ubicaciones alternativas para los residentes), generar estructuras comunitarias (es decir sustituir los Hospitales Psiquiátricos por redes complejas de servicios) y superar la dependencia institucional de personas concretas (es decir, ayudarles a vivir como ciudadanos de pleno derecho)”, citando el ejemplo de Italia y su famosa Ley 180, promulgada en 1978, que prohibía “el ingreso en los Hospitales Psiquiátricos y obligaba a las administraciones públicas a desarrollar servicios comunitarios, con diverso resultado en los distintos territorios italianos”. Esta ley fue también conocida como “ley Basaglia”, debido a Franco Basaglia, psiquiatra italiano que la impulsó, bajo la denuncia de las deplorables condiciones que sufrían los pacientes dentro de los manicomios, lo cual encaja perfectamente con la denuncia que quiere lanzar la película Alguien voló sobre el nido del cuco.

Y aunque he comenzado el artículo hablando de la galardonada película de Milos Forman, también cabe mencionar otra película que despierta en mí un gran interés, por lo que subyace a ella: Frances, película estrenada en el año 1982 y que pretendía escenificar el calvario de la actriz Frances Farmer en un centro psiquiátrico, tras ser diagnosticada de psicosis maníaco-depresiva (diagnóstico que hoy no existe, ya que se engloba dentro del trastorno bipolar) y esquizofrenia en la década de los 40. La actriz pasó varias temporadas internada en un centro psiquiátrica, incluyendo una huida de éste tras 9 meses de tratamiento mediante inyecciones de insulina (sólo imaginad lo duras que serían las terapias para que hoy, 70 años después y tras una gran revolución en este sentido, aún el 50% de los pacientes que empiezan una terapia farmacológica la abandonan, siendo infinitamente menos agresivas). Más adelante, sufrió terapia de electroshocks y se especula que una lobotomía, lo cual no sería una práctica extraña en la época. Lo interesante de esta película, como decía, es lo que trasciende a ella, es decir, la historia real. Frances Farmer había sido una actriz relevante en la década de los 30 y comienzos de los 40, llegando a rodar 15 películas entre 1936 y 1943. Sin embargo, desde entonces, su carrera pegó un tumbo al entrar en el centro psiquiátrico y, aunque salió en el año 1949 y murió en 1970, en esos más de 20 años sólo formó parte del elenco de 1 película en 1958, 9 años después de haber sido dada de alta, además de presentar un programa de cine en una televisión local. Por ello, y pese a haber sido una reconocida actriz, acabó trabajando de secretaria o recepcionista en un hotel. Imaginad que toda tu vida, toda: tu trabajo, amistades, relaciones sentimentales, tus expectativas, de un día para otro cambian. ¿Por un hecho? No, por unas palabras: “Tienes esquizofrenia” (lo cual se traduce en “eres esquizofrénica”).

Éste es, sin duda, uno de los ejemplos más memorables de cómo un simple diagnóstico (mediante el efecto iatrogénico -es decir, que el diagnóstico es un agravante para el paciente- y el estigma que causa) acaba destrozando tu vida, ya que pasas a ser el diagnóstico que te define, y la gente te percibe como tal. No eres “una persona con esquizofrenia”, sino “un esquizofrénico” y, pese a que en la psicología se han dado pasos adelante en el sentido de tratar de que un diagnóstico sea una facilidad tanto para la persona (para que ésta venza la incertidumbre y sepa qué es lo que le pasa) como para los profesionales (para que éstos tengan un instrumento de comunicación entre los diferentes profesionales que están involucrados en una terapia y una forma de definir la línea de actuación), parece que los manuales y los sistemas clasificatorios actuales (el DSM-5, más concretamente, ya que es el que se usa actualmente) se han quedado enormemente atrasados a la mentalidad de los profesionales que hacen uso de él. Centenares, miles, de profesionales de la salud mental claman contra un modelo que no ha cambiado desde el año 1900: el sistema categorial (o tienes o no tienes un trastorno), en vez de variar hacia uno continuo (tienes este trastorno en cierto grado, lo cual no define que seas X, sino que explica unos determinados síntomas que te definen tanto como un tic en el ojo o una adicción al tabaco). El DSM-5, el que usamos todos los psicólogos, nació entre tremendas críticas y una clara acusación: estar claramente condicionado por empresas farmacéuticas, algunas de las cuales cercanas a quienes lo redactaron.

Es por ello que las denuncias a la estigmatización no acabaron en los 80. De hecho, el grupo de grunge Nirvana, rescataría la historia antes mencionada de Frances Farmer para titular a una de sus canciones “Frances Farmer Will Have Her Revenge on Seattle” (Frances Farmer tendrá su venganza en Seattle). En esta línea, muchas otras películas han tratado el tema anti-psiquiatría mirando al pasado, en cuyo caso las consecuencias eran mucho más morbosas y sensacionalistas, pero, sin duda, como la canción escrita por Kurt Cobain, no dejaban de tener un tinte de crítica hacia la actualidad, mirando a un pasado del que se lucha encarecidamente por escapar.

El estigma es, sin duda, un motivo de vergüenza (desgracidamente) para quien lo sufre de forma injusta, pero es, sobre todo, motivo de vergüenza para una disciplina (la psicología) que se encuentra a años luz de unos manuales sesgados y profundamente condicionados por la lógica del sistema capitalista: los beneficios farmacéuticos están por encima de los beneficios humanos.