Artículos de opinión

Enfermedad (mental) y estigma

Es difícil definir la enfermedad mental pues al fin y al cabo, más allá de lo que digan los manuales de psicología y psiquiatría, cada una lo vive de una manera y se antepone a ella como puede, intentando que esta interfiera lo menos posible en su vida diaria. Asimismo, cada enfermedad tiene sus manifestaciones y muchas veces es muy difícil asignar a un cuadro clínico un diagnostico concreto. Pero todas tienen algo común el estigma y la incomprensión de quien no lo ha vivido. Así como al Capitalismo y el Patriarcado, gran culpable y a la vez gran estorbo para la recuperación. Siempre se nos olvidan los cuidados y en este caso no iba a ser menos.

Resulta complicado el “pedir ayuda”, puesto que en el momento en que te descubres como enferma mental, el estigma cae sobre ti y nadie o casi nadie entiende el por qué de ello, al menos así ocurre con las depresiones y algunos trastornos de la personalidad o de la conducta. No hablemos ya de si descubrimos que una persona de nuestro entorno es esquizofrenica o bipolar, tememos por nuestra seguridad, falsamente. Rápidamente se les tacha de “locos”, “depresivos”, “quejicas” o que buscan llamar la atención. No y no. Son personas enfermas, al igual que lo es una persona con una enfermedad crónica o una pierna rota. No nos planteamos si una persona con una enfermedad crónica se lo está inventando o se ha roto la pierna adrede, simplemente asumimos el hecho, damos bajas y ayudamos en la medida de lo posible. El estigma es tal que obviamos que la principal causa de muerte no natural en 2014 fue el suicidio, 3910 fallecimientos. Sin contar aquellos en cuya autopsia no se refleja el término suicidio pero sigue siéndolo. Ante este panorama es difícil asumir que se tiene una enfermedad mental y aún más difícil el atreverse a contarlo aunque esta te inhabilite en tu vida diaria. Nadie dudaría de que una persona con tres costillas rotas tiene derecho a descanso y a no ir a su puesto de trabajo.

Y como siempre se nos olvidan los cuidados, los sustituimos por frases positivas o comentarios exigiendo que la persona enferma actúe a pesar de no poder hacerlo. Obligamos a que siga con su vida diaria, sin tiempo para encontrarse a si mismo o llorar si lo necesita. Asumimos que la medicación es igual o muy similar a un ibuprofeno o cualquier otro medicamento de uso común y que por ende no es necesario ningún tipo de preocupación y de liberación de las responsabilidades y cargas diarias. Exigimos que sigan con su vida y no les permitimos parar porque para la sociedad no están enfermas y si lo están que los “encierren en un psiquiátrico”. Se les deniega el derecho a los cuidados porque en este caso no es tan sencillo como cambiar un vendaje o dar una crema. Les acusamos por huir de situaciones sociales y esconderse, por no salir a la calle, por no estudiar, formarse ¿cómo te vas a formar si no eres capaz de concentrarte? Les exigimos que sigan cuando lo que necesitan es parar, respirar y coger aire para seguir viviendo.

Comprendamos la enfermedad mental, aprendamos hombres y mujeres a cuidar de estas personas, entendamos sus necesidades, permitamosles parar, no juzguemos, no dejemos que el Capital y el Patriarcado se lleve a estas personas. Deconstruyámonos también aquí para y por ellas.