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En 1992 tal día como hoy moría Francis Bacon en su peor pesadilla

Hace 24 años, el 28 de abril de 1992, el irlandés Francis Bacon con 82 años vivió el que había sido su mayor temor toda su vida: morir rodeado de monjas. Como dijo su biógrafo Michael Peppiatt “perdió el control de su vida”, ingresó en la clínica Ruber de Madrid frente al Monasterio de la Encarnación (convento de monjas agustinas recoletas) seis días antes, murió de una parada cardiorrespiratoria sin recibir ni una visita. Fue un pintor de estilo figurativo idiosincrásico, se pensaba que deformaba el dibujo sin intención alguna. Veréis al final cuál era su intención al derramar sus emociones sobre un lienzo.Hace un mes Bacon era noticia de nuevo. José Capelo Blanco, de 59 años, fue el único amante español, y el último, del dublinés. Compartió los cuatro últimos años de la vida del artista, quien le dejó cinco obras de pequeño formato valoradas en 30 millones de euros. En junio se cometió el mayor robo de guante blanco de arte contemporáneo de la Historia de España, en su casa madrileña cerca de la sede del Senado. La prensa descubrió en marzo este suceso y le arrebataron el anonimato “a la persona más privada y discreta del mundo” según Barry Juoule, por ello tuvo que salir del país una semana después. Tras viajar durante tres años por toda Europa Capelo fue retratado por el artista en un tríptico que data de 1991 y ahora cuelga de las paredes del MoMA de Nueva York.

Tríptico 1991

Capelo fue el amante menos dañino de Bacon: no era alcohólico ni analfabeto, no tenía ataques de furia que acababan en maltrato físico al artista o a sus obras, tampoco se suicidó. Así eran los compañeros más importantes, y herederos del legado artístico de Bacon, Peter Lacy y George Dyer. ¿Por qué compartía su vida con personas de caracteres tan símiles, a la par que agresivos? La vida y la muerte, la violencia, la ansiedad y el arrebato eran el motor de su vida y su obra.

Su ejercicio pictórico de estudios de Lucian Freud es el más caro jamás subastado, el tríptico alcanzó en una puja de la casa Christie’s los 142’4 millones de dólares en 2013, batiendo el récord de Picasso con “El sueño”. Junto a Freud forma el máximo exponente de la escuela de Londres, su pintura se rebela contra los cánones en cuanto a belleza y la abstracción del expresionismo dominante en la época.

Tríptico sobre Lucian Freud, 1969

Uno de sus cuadros más representativos es su estudio sobre el “Inocencio X” de Velázquez. Al irlandés le encantaba España y durante su estancia en Madrid se alojaba en el Palace y pasaba las mañanas enteras en el Prado. E igual que Picasso se fijó en Goya, Bacon descubrió a Velázquez. Durante el segundo viaje de Diego Velázquez a Italia su estilo evoluciona, de este cuadro destacamos los contrastes de los distintos tipos de rojo, la forma en la que incide la luz sobre las telas, sus texturas y calidades. Se retrata de forma exacta la personalidad del Papa, el verismo nos envuelve al estar a nuestra altura visual y parece como si nos sostuviese la mirada. El propio retratado dijo al verlo: “Troppo vero” (Demasiado cierto). El ejercicio de Bacon es también expresivo, a través de las formas anatómicas (el rostro), el color, su particular uso del claroscuro, y las líneas que dominan sobre todo en la parte de abajo del cuadro. Con el aspecto fantasmagórico pretendía simbolizar los horrores cometidos en nombre de la religión a lo largo de la Historia.

“Inocencio X”, a la izq de Velázquez, a la dcha de Bacon

Para despedirnos de Francis Bacon destacamos este estracto: “Me gustaría que mis cuadros se vieran como si un ser humano hubiera pasado por ellos como un caracol, dejando un rastro de la presencia humana y de la memoria del pasado, igual que el caracol deja su baba, capturando un instante en toda su violencia y belleza.”