Internacional

El Papa Francisco visita Lesbos entre protestas junto a Alexis Tsipras

Ajetreada mañana la del pontífice en su visita al campo de refugiados de Moria, en donde se ha comprometido a acoger en el Vaticano a 10 personas -8 refugiados sirios y 2 afganos- que están en una situación extremadamente complicada en dicho campo de refugiados, en donde 3.500 exiliados están presos.

Numerosos voluntarios han llevado a cabo protestas en los exteriores del campo y una mujer, desesperada, se ha arrodillado ante Bergoglio suplicando una ayuda. “No podemos más”, le ha dicho entre lágrimas.

Estas protestas se han visto sofocadas por la policía griega, la cual no ha permitido a numerosos socorristas y voluntarios que llevan en tierras helenas un gran número de meses poder acercarse al Papa en su discurso. De hecho, 3 activistas han sido expulsados por las fuerzas de seguridad griegas cuando éstos trataban de mostrarle al sumo pontífice una pancarta rechazando las deportaciones a Turquía, propiciadas por la UE. Esto ha hecho que un notable número de personas criticaran al Papa Francisco que no hablara con estos voluntarios y socorristas, así como con los propios refugiados, si verdaderamente querían conocer la realidad de la cual hablaba cuando defendía que “no están solos”.

Finalmente, 3 familias sirias han subido al avión del jerarca de la Iglesia Católica, un número ridículo, pero que parece ser un símbolo, una declaración de intenciones a una Unión Europea a la que en la misa del Domingo de Ramos Bergoglio acusó de ser “indiferente” ante el drama de los refugiados. De hecho, tampoco se alejan demasiado de las exiguas 600 personas que la Unión Europea ha recolocado desde que, aún en 2015, se comprometiera a recolocar a 160.000.

Posiblemente, este tweet del reportero afincado en Grecia @Hibai_ (del cual he conseguido alguna de la información presente en este artículo) sea el mejor resumen de una mañana en la que el máximo responsable de la Iglesia católica ha adelantado sin aspavientos a la UE, mientras ésta sonríe ante las buenas palabras del pontífice e ignora, al mismo tiempo, las miserias que ella misma acomete.