Artículos de opinión

Ucrania, aquella guerra

La historia de la guerra civil ucraniana empieza en Abril de 2014. Empezaron como protestas contra la Unión Europea. Después se comenzó a pedir la federalización del país. Todo esto con un golpe de estado de por medio. La situación, era por aquel entonces caótica. Las manifestaciones pacíficas siempre acababan con alguna carga policial y con multitud de detenidos, heridos e incluso algunos muertos. Durante estos primeros meses, en el oeste del país, la ultraderecha, abanderada por el Pravy Sektor atacaba a los manifestantes y entraba en las casas sindicales, matando sin piedad a toda persona que se encontraba en su camino, incluido niños. Con este ambiente, nacieron en el este las Repúblicas Populares de Donetsk (RPD)  y Lugansk (RPL).

La declaración unilateral de independencia llego poco después del referéndum en Crimea para unirse a Rusia. La propia RPD solicitó unirse a Rusia tras su independencia, pero esta denegó su petición. Ante esto, se buscó, junto a la RPL, la creación de un estado federal propio, Novoróssia.

El Gobierno de Kiev no se quedó quieto en ningún momento y soltó a sus militares. Estos, llegaron a herir y capturar al presidente de la RPL, que sería liberado más tarde por milicianos de la república. Poco después comenzaron a llegar a Dombás  brigadistas voluntarios de toda Europa, sobretodo afiliados a partidos comunistas. Los rusos, los más numerosos en estas brigadas, consideran que luchar contra el fascismo en Ucrania es su deber. Totalmente autofinanciados al principio, apoyados después por las Repúblicas populares, lideraron la lucha desde el principio, ya que muchos tenían experiencia militar previa.

Pero esto no duro mucho, por supuesto. Los propios ciudadanos de las repúblicas tomaron su lugar y aprendiendo de los brigadistas y de los instructores que envió el gobierno ruso, fueron aumentando su experiencia y conocimientos militares. Su equipo también mejoro con el tiempo.

La Guerra, que dentro de un mes cumplirá dos años, ha pasado por varias fases. La primera, la fase de ataque de las repúblicas, de un éxito abrumador para sus escasos recursos. La segunda, con la llegada del Primer Acuerdo de Minsk, una fase defensiva por parte de las repúblicas, con el punto álgido en la batalla por el aeropuerto de Donetsk.  Y una tercera, marcada por la inmovilidad, los bombardeos de artillería y las escaramuzas de bajo nivel.

Ninguno de los acuerdos de Minsk ha sido respetado con por Kiev, que siempre era el primero en romperlos. Ni Kiev ni sus aliados (UE, OTAN) buscan con claridad una salida pacífica al conflicto. El apoyo de la OTAN, aunque escueto, permite a Ucrania mantener la guerra, pues el país está totalmente ahogado económicamente. Mientras tanto, Novoróssia, teniendo en cuenta la situación de guerra, tiene una vida diaria medianamente normal.  No pocos ucranianos en Dombás han cruzado la frontera, en perspectiva de una vida mejor. Por su parte, Rusia, siguiendo su política de recuperación de poder en la esfera exsoviética apoya a las repúblicas, pero no puede hacer mucho en el plano militar. Con toda su atención (y la de medio mundo) puesta en Siria, los esfuerzos rusos se centras en la ayuda humanitaria y de material militar, además del apoyo político en las negociaciones de paz.

En el plano ideológico, fácilmente se podría interpretar una lucha fascismo vs socialismo. El Pravy Sektor y el mismo gobierno de Ucrania reciben ayudas de partidos de ultraderecha de toda Europa. En el lado opuesto, brigadas de izquierdas luchan del lado novoruso y la población apoya mayoritariamente al partido comunista de cada una de las repúblicas,  por no hablar de que prácticamente se expulsó a las milicias fascistas de Novoróssia.

Le queda una larga y dura marcha por recorrer al pueblo de Dombás. Kiev está cada vez más agotado, acabándose su crédito y su tiempo. Ninguna intervención extranjera está a la vista para ninguno de los dos bandos, dejando a Kiev en un punto en el que debe acabar con el conflicto si no quiere verse enterrado en deudas que no puede pagar. Sus ciudadanos ya han sufrido apagones este invierno. Su situación no es muy favorable. Novoróssia no es el edén, desde luego, pero ellos tienen consigo la convicción de que la victoria será suya y la fe en la libertad que representaría este nuevo estado. Ahora, solo queda esperar.