Internacional

Turquía: Pesadilla antes de Semana Santa

Los señoriales jefes de estado de los países que componen la Unión Europea han gastado esta semana que acaba el último cartucho de mezquindad que les quedaba. Será por eso de que llega la Semana Santa y, yo que soy psicólogo, se lo achaco al principio de recencia: debe de ser más fácil perdonar los pecados más recientes. No sé si alguna vez os habéis confesado. Por suerte o por desgracia, de pequeño iba semanal y puntualmente a misa. Os puedo asegurar que, para un niño que apenas alcanza los 8 ó 9 años es tarea extremadamente complicada encontrar en sólo una semana pecados suficientes como para contentar a ese párroco que se sentaba dentro de aquel confesionario que me inspiraba una sensación cercana al miedo. Cuando creces, ya es más fácil. Más aún si eres presidente del gobierno. Así, pues, los jefes del estado de toda la UE podrán sentarse en aquel confesionario y explicar cómo en una tarde condenaron a miles de inocentes a la peor de sus pesadillas: Turquía.

“Prefiero morir que volver a Turquía”, relata Nasser, un joven sirio de la devastada Homs, tras explicar las duras condiciones de explotación a las que era sometido en el país turco, con jornadas laborales de 12 horas. Nasser nos cuenta cómo los sueños de toda una generación de un país entero se desvanecen en la frontera otomana: “Vendimos nuestras casas y dejamos a nuestras familias; no lo hicimos para volver a Turquía”.

También para eldiario.es, Osama amenaza con suicidarse si es reportado de nuevo a Turquía. Con voz llorosa, explica: “No tengo ningún lugar al que volver y no he dejado nada detrás de mí”.

Pero, ¿qué ocurre en Turquía? ¿No es un aliado de la Unión Europea? Efectivamente. Turquía es un aliado de la UE y es por ello por lo que apenas encontramos referencias en los medios occidentales a la represión y el régimen totalitario en el que viven los ciudadanos turcos bajo el mando de Erdogan.

Esta misma semana, 3 profesores universitarios turcos ingresaban en prisión por firmar un manifiesto por la paz, acusados de “propaganda terrorista” (¿no os suena a aquello de “apología al terrorismo”?). Un día atrás, el propio presidente Erdogan había pedido ampliar la definición de terrorismo en el código penal turco para que ésta alcance también a activistas, parlamentarios y periodistas, lo cual significa una mayor represión por motivos muy sensibles a la subjetividad del régimen.

Sin embargo, dicen que quienes tienen la cabeza cerrada suelen tener la boca abierta. Pues bien, podemos decir que Erdogan no es un líder al que le guste pasar inadvertido y siempre tiene algo que decir: ayer, The Independent titulaba <<El Presidente Erdogan dice que la libertad y la democracia “no tienen valor” en Turquía, en medio de arrestos y represión militar>>, mientras que detalla que “docenas de activistas, políticos y académicos han sido detenidos en Turquía”, precisamente por levantar la voz acerca de la “crisis de refugiados”.

Además, la voz crítica turca cada día tiene menos fuerza, pues el gobierno del presidente Erdogan también está llevando su particular cruzada contra los periodistas. Como dijimos, su intención es que puedan ser imputados de propaganda terrorista por casi cualquier información disidente. Pero es que el pasado 6 de este mes se vivieron escenas de tensión cuando el gobierno turco usó gases lacrimógenos y cañones de agua contra un grupo de manifestantes que protestaban a las puertas de la sede de un periódico opositor turco que se anunció sería controlado por el régimen de Erdogan.

Por último, recordemos que los tan recurrentemente mencionados “refugiados sirios” huyen del drama del terrorismo del Estado Islámico, grupo criminal al que muchos de estos refugiados creen que es el gobierno de Turquía (entre otros) quien financia y arma. Sin olvidar que Turquía no es un país exento de terrorismo, pues, si ya hubo el pasado 18 de febrero y el 13 de marzo sendos atentados en la capital de dicho país, las alarmas se han vuelto a disparar hoy mismo con el ataque de un terrorista suicida (todo apunta a que perteneciente al ISIS) en el centro de Estambul, el cual es el cuarto atentado en suelo turco en apenas 3 meses.

Turquía, convertida en un polvorín por Erdogan, funcionando como una marioneta de la Unión Europea, no es un lugar seguro para nadie. Menos aún para quien ya huye de las bombas que asolaron su casa y su pasado. Sin embargo, la Unión Europea necesita un país que funcione como enorme campo de concentración y Erdogan aspira a conseguir entrar a formar parte de la Unión Europea. ¿Qué importan, pues, unas cuantas miles de vidas? En la realpolitik las vidas no existen: son herramientas para conseguir cosas. Y, en este caso, la UE y Tuquía han sabido rentabilizarlas. Ahora pues, disfruten de sus procesiones, de sus salves a la virgen y recen tres padrenuestros, dos avemarías y un credo.

Parafraseando al exdiputado catalán de la CUP David Fernández cuando se dirigió al honorable Rodrigo Rato: Hasta pronto gánsteres europeos. Nos vemos en el infierno.