Artículos de opinión

¿Por qué está ganando Donald Trump?

Cada vez parece más probable que el candidato del Partido Republicano de EEUU va a ser el multimillonario Donald Trump. Y esto nos debe hacer cuestionar, cuanto menos, que ha hecho tan mal el Partido Demócrata, y aún más los Movimientos Sociales contestarios, para que semejante figura haya calado con tanta intensidad en el electorado. Y por que sus expectativas no parecen mitigarse.

He leído a muchos analistas y periodistas decir con total simpleza que Trump “exhibe una predisposición muy alarmante a utilizar temas y estilos fascistas”. Con total seguridad puede que sea así, pero en ningún caso podemos quedarnos en ese punto del relato.

Podemos categorizar a este personaje como uno de los rivales más formidables de la historia de la política estadounidense. Y hasta que el equipo de campaña del Partido Demócrata no se lo tome en serio, y más concretamente el de Hillary Clinton, va a seguir ganando o peor aún, se va a sentir más relajado para seguir reclutando adeptos a través de un discurso marcadamente conservador pragmático, es decir, su jerarquía de valores encaja perfectamente dentro de una sociedad dividida entre grandes empresarios con fuertes influencias dentro de los aparatos de decisión del Estado y el resto de sociedad civil. Además, con una idea de sociedad impregnada de xenofobia e imperialismo. Nos podemos frustrar y hasta indignar con las cosas que dice Trump. Pero no podemos soslayar que diciendo que va a poner un muro en el sur para que “los drogatas mexicanos no entren” o que “si sale con un fusil a la Avenida más importante y mata a la gente no perdería ni un voto”. Y lo peor es que es verdad. Le funciona. No hace más que ganar votantes. Y esto es un fenómeno político que no podemos vilipendiar en ningún caso, toca analizar, estudiar y contraatacar.

Ahora cabe preguntarse, ¿En qué parte de la sociedad está calando y por qué? La primera parte de la cuestión no es tan fácil, su objetivo es el electorado compuesto por hombres blancos, heterosexuales y de clase media. Sobre todo, aquella ciudadanía que operan con marcos biconceptuales, es decir, tienen una forma de ver el mundo con elementos progresistas y conservadores. Son los denominados progresistas moderados, los cuales interiorizan ideas de ambos ejes, el caso más corriente es el hombre que piensa que la economía debe estar planificada pero que sin embargo tiene una visión de la familia estricta. Aunque este electorado no suele ser irreversible, es decir, es potencialmente impregnable e influenciable en todos los casos. Piensa a través de la inhibición mutua. Cuando uno se activa, el otro de desactiva; cuando uno se fortalece, el otro se debilita. ¿Qué los activa o desactiva? Pues dependiendo de la utilización del lenguaje y el carisma de su portavoz tiene mayor posibilidad de encajar en la capacidad cognitiva de estas personas e instalarlo en su forma de ver el mundo. Y esto en la política estadounidense es preocupante, cuanto más se debaten las opiniones de Trump, más se activan y se fortalecen, tanto en las mentes de los conservadores a ultranza como en las mentes de los progresistas moderados. Este tipo electores suelen ser los trabajadores no sindicados. La segunda parte es aún más compleja. Pienso que una parte importante de la sociedad estadounidense todavía cree que el sueño americano es algo posible a alcanzar y su referente en ese cometido es Donald Trump. Es alguien que ha hecho creer a la opinión pública que están en un escenario de polarización total, en el cual la culpa de todos los males de la sociedad tanto personales, laborales o económicos son culpa de la Administración de Obama. Y en ese punto, donde en un imaginario colectivo suficientemente amplio se traza a un enemigo común hay que empezar a preocuparse. Otro elemento indudable del progreso cuantitativo de los simpatizantes de Trump es la posición de ataque que Hillary Clinton está planteando en la disputa electoral. En ese terreno sabe que tiene toda la de perder e insiste en ello. Para Donald Trump las distracciones sensacionalistas lo son todo, cuando le insultan se crece y en un debate a dos plagado de ataques y confrontaciones vacías de contenido político es imparable. Les hace el trabajo. Trump es un parásito sediento de atención, y esas criaturas solo prosperan cuando se le consienten y se les presta atención. Y exactamente esto es lo que está haciendo la candidata Hillary Clinton. No es entendible que después de un mes con este juego siga con lo mismo y viendo como pierde credibilidad más y más. Y más siendo una persona con un pasado tan oscuro, con el que no puede ir dando lecciones. Y es algo que Trump utiliza continuamente.

Analizando durante horas el discurso de Donald Trump, y sobre todo sabiendo que todo discurso y praxis tienen contradicciones seguras. No hay ningún discurso que no las tenga. Por la simple razón que el electorado no es homogéneo y más en un país como Estados Unidos. Los espectadores cambian y sus intereses también. Dependiendo de la edad a la que te dirijas o al sexo al que quieras seducir el discurso se va modulando. Los escenarios se alteran, no es lo mismo dar un mitin que una entrevista en la FOX. Los tonos y la intensidad de determinados ejes discursivos aumentan o disminuyen. Y podemos estar en contra de todo lo que dice. Pero, sin lugar a dudas, Trump y su equipo lo sabe manejar.

Habría que confrontar los siguientes elementos de la incoherencia discursiva con la que juega los conservadores. ¿Cómo se puede ser provida y defender la pena de muerte?, ¿Cómo encajar estar en contra de la injerencia de estado con querer unas fuerzas armadas más potentes? ¿O cómo un puro capitalista que defiende una intervención nula del Gobierno en la actividad económica intenta ser Presidente de EEUU? Son algunas de las contradicciones que articulan un discurso conservador. Y por donde debe atacar los demás actores políticos en las primarias. En el insulto no. Se siente demasiado cómodo.

Finalmente, hay un último elemento que en la política europea no juega un rol prevalente pero que en la del conjunto del Continente de América sí. Y es el concepto de patria. Y esto lo sabe muy bien Donald Trump. No se puede ganar sin vencer en la lucha hegemónica de este concepto. No se puede ganar si no puedes resignificar de manera que se hagan universal los símbolos de un país. No se puede ganar si una bandera es propiedad privada de una minoría. No se puede ganar si el sistema público es manejado al antojo de una minoría. Y sobre todo, no se puede ganar si no creas un relato lo suficientemente fuerte con el que se identifique la gente y crea que ha sido así. Aunque luego lo ficticio domine a la realidad. Al final eso en la política es poco relevante. Y Donald Trump lo sabe.