Internacional

La carrera hacia la Casa Blanca: Michigan o la crisis de los aparatos

En el último mes, las cosas se han acelerado en las primarias estadounidenses (y continuará así hasta finales de Abril, e incluso hasta Junio). En lo que son las primarias más impredecibles de la historia.

En el partido republicano, Trump está arrasando. Tuvo unos resultados excelentes en el ‘supermartes’; pero en el último debate republicano, Trump se dedicó a hablar del tamaño de su pene, el Sábado salió con menos delegados que Ted Cruz, y parecía que las fuerzas ‘anti-Trump’ podían tumbar al magnate. Pero el Martes, Trump volvió a ganar por dobles dígitos en los estados mas grandes, y solo perdó en el pequeño Idaho. Además, las encuestas vaticinan que podría ganar en Florida y Ohio, los estados natales de Rubio y Kasich, en lo que sería una humillante derrota que daría a Trump una ventaja en delegados inmensa.

Los líderes republicanos saben esto, y ya no confían ni siquiera en poder vencer a Trump. En un movimiento que podría abocarles al suicidio, confían en que Trump no llegue a la mayoría absoluta de delegados (al ritmo actual, podría quedarse en una horquilla de entre el 47% y el 51%) y, dado el caso, unir a todos los candidatos que no son Trump y elegir a un candidato venido de fuera. Hacer esto sería regalarle la casa blanca a los demócratas, y sentar un peligrosísimo precedente, pero el establishment republicano cree que, mientras que este movimiento podría darles a los Demócratas la casa Blanca otros 8 años, y posiblemente mayorías en el congreso o el senado, no supondría el fin del partido Republicano tal y como lo conocemos, como sí podría suponer nominar a Trump.

En el Partido Demócrata, Hillary volvía a verse como la candidata inevitable: arrasó en el supermartes, y nunca un candidato que había ganado el supermartes no había ganado la nominación. Algunos comentaristas empezaron a pedir a Sanders que se retirara. El fin de semana, Sanders sorprendió al llevarse 3 de los 4 estados en contienda, y sobretodo, al llevarse Kansas, un estado rural y cuya única encuesta vaticinaba una victoria de Hillary por goleada. La prensa, sin embargo, no hizo mucho caso ya que eran estados con caucus, no primarias, donde Sanders lo tiene más fácil debido a la enorme dedicación de sus seguidores.

Para los medios, la batalla de verdad estaba en Michigan: la campaña de Hillary venía diciendo que Sanders debía retirarse tras una derrota más que segura; las encuestas la respaldaban, ganaba en todas por márgenes de 2 dígitos, y la media la daba 24 puntos por delante. La campaña de Sanders, lejos de desmentir esta narrativa, decidió tomarla como propia, si perdían Michigan -decían- llegaba el momento de suspender la campaña.

Y ganó. Sanders desafió unas encuestas terribles, y venció por 2 puntos a Hillary. Los comentaristas habían venido diciendo que perder por menos de 10 puntos ya habría sido una hazaña para Sanders, y sin embargo, ha conseguido batir un récord que será muy complicado de superar. Además, el mayor problema para Clinton es que su contendiente demócrata ha conseguido un discurso que cala muy bien en los estados que votarán próximamente (Illinois y Ohio), que son estados donde los tratados de libre comercio han hecho desaparecer miles de empleos en la industria, acuerdos que Hillary apoyó y la han hecho mucho daño. Una victoria en Illinois u Ohio para Sanders podría abrirle el camino para la nominación, o incluso forzar a Clinton a incluir a Sanders como su Vicepresidente, una hipótesis que no está tan lejos de la realidad como parece.