Internacional

Je suis Afganistan

Generalmente, todo tiene un origen. Casi nunca existe la generación espontánea, y la historia es clara evidencia de ello. De esta forma, no habría habido Bruselas sin París, ni París sin Siria, ni Siria sin Irak y, tirando del cordón, quizás el origen del conflicto de Oriente Medio se encuentra en Afganistán, como apoya el tuitero Profe Rojo en un hilo que me ha llevado a rescatarlo con el fin de contextualizar un conflicto en el tiempo y el espacio. Lo que hoy ha ocurrido en Bruselas no ha sido una catástrofe natural que hemos tenido la mala suerte de sufrir. Lo que ha ocurrido hoy en Bruselas tiene unas raíces que hunden profundo en la historia y son la consecuencia final -por ahora- de una sucesión de injerencias militares de occidente en la paz oriental.

Pues bien, en la Afganistán de los años 70 existía un presidente militar llamado Mohammed Daud Khan que dio un golpe de Estado en el año 1973 y, tras solo cinco años de gobierno autoriario, fue derrocado en 1978 en la llamada Revolución de Saur (o Revolución de Abril), por Nur Muhammad Taraki, gobernante de clara influencia socialista («La Gran Revolución de Abril es fruto de la lucha de clases», rezaban las estampillas afganas posteriores a la revolución) y el cual había sido encarcelado por el dictador. El gobierno socialista continuó con la eliminación de elementos religiosos de las instituciones afganas y llegó a decretar la separación Iglesia – Estado. Además, se llevaron a cabo un gran número de mejoras en los derechos de las mujeres, como el permiso de no llevar velo si así lo decidían, en un país que, ya desde 1963, permitía el sufragio a mujeres mayores de 18 años. En 1980 se crea una ley que legitima el divorcio y las mujeres comienzan a incorporarse a la vida laboral.

Mujeres afganas en la universidad

En pocos años, aumenta la esperanza de vida en el país, así como el acceso a servicios públicos de salud, al tiempo que se reduce la tasa de mortalidad infantil, en un contexto en donde había accedido al poder un dictador apoyado por varios partidos opositores debido a las grandes hambrunas y a la gran crisis que asolaba el país al principio de la década. El dictador había sido derrocado y el país parecía en proyección de crecimiento.

Sin embargo, en un contexto de Guerra Fría entre la URSS y Estados Unidos, este último no podía permitir que la experiencia socialista siguiera triunfando en el globo, pues esto daría alas a una Unión Soviética que en estos años, y a una velocidad récord, se había convertido en una superpotencia mundial y que ya en 1978 había firmado un tratado de cooperación y amistad con Afganistan, tras el triunfo de la Revolución de Saur.

En el mismo 1978, Estados Unidos comenzó la denominada “Operación Ciclón”, en la cual el servicio de inteligencia estadounidense (CIA) comenzó a reclutar muyahidines, es decir, fundamentalistas religiosos “que hace la (menor) yihad” para luchar contra la República Democrática de Afganistán. Se estima que esta operación ha sido una de las más caras llevadas a cabo, y que llegó a costar unos 40.000 millones de dólares en los 25 años que duró.

Este modus operandi de EEUU no ha de sernos nuevo en nuestros días, pues es muy similar a lo que llevaron a cabo cuando crearon el Estado Islámico para derrocar al presidente sirio Bashar al-Ásad, también socialista. La intervención e injerencia estadounidense fue justificada por una hipotética “invasión” por parte de la URSS del país oriental, argumento que los ciudadanos estadounidenses creerían sin reparos. Por otro lado, era cierto que el país soviético había intervenido militarmente en Afganistán. Sin embargo, no podía tratarse de una invasión sino de una respuesta a la petición de ayuda por parte del gobierno afgano y que se enmarcaba dentro del acuerdo de cooperación que se había firmado en 1978 entre Kabul y Moscú. De hecho, la operación orquestada por la CIA comenzó un año antes (1978) que la entrada de militares soviéticos en tierras afganas (1979).

Ronald Reagan conversando con fundamentalistas islámicos, 1982

Primero Jimmy Carter y más adelante el republicano Reagan orquestaron una guerra velada contra la URSS usando Afganistán como cabeza de turco, con el apoyo de los gobiernos paquistaní y saudí, mediante la guerra religiosa que ahora tanto parecen temer los dignatarios europeos y estadounidenses.

Estábamos en los comienzos de uno de los grupos terroristas más importantes que han existido en la historia, y que sirve de antesala al ISIS: Al Qaeda. Estados Unidos estaba creando de facto Al Qaeda, como, años más tarde, confesaba Hillary Clinton, ex-Secretaria de Estado.

En esta época, alrededor de todo el mundo occidental, se levantó una ofensiva mediática brutal contra el régimen socialista afgano y en favor de los terroristas fundamentalistas que EEUU había entrenado en Pakistán. La Operación Ciclón era un éxito: la prensa trataba a los terroristas como “oposición armada”, Rambo acababa con una escena en la que se dedicaba a los “valientes luchadores muyahidines de Afganistán” y en Afganistán se lleva a cabo una Guerra Civil en donde cae el gobierno soviético un año después de haberlo hecho la URSS. La Guerra Fría había acabado y Estados Unidos la había ganado. Los muyahidines, sin embargo, sólo habían comenzado a matar. Y el mundo entero conoció al monstruo que EEUU creó y creyó con la capacidad de controlar.

El antes y el después de EEUU en Afganistán son una evidencia en sí misma:

Antes (1962)
Después (2014)
Antes (1969)
Después (2001)

Por trazar dos leves paralelismo que nos ayuden a continuar ese cordón del que tirar cuando hablamos de historia, cabe asemejar la coyuntura afgana con la siria, ambas invadidas por fundamentalistas y radicales religiosos gracias al apoyo de EEUU:

Afganistán antes y después (arriba) Siria antes y después (abajo)

Algo similar a la situación afgana y siria ocurrió en países del entorno como Irak:

Irak antes (arriba) y después (abajo) de la injerencia de EEUU