Medio ambiente

El capitalismo y el Día Mundial del Agua

Hoy, 22 de marzo, se celebra históricamente el Día Mundial del Agua desde que la ONU lo decidira así en el año 1993. El tinte festivo, sin embargo, se ha evaporado, dejando a la luz un cariz más político que nunca en un mundo en donde el agua sobra para unos y falta para esas más de 650 millones de personas que carecen de agua potable. Las cifras son escalofriantes, más aún por comparación:

Mientras en la mayor parte de Europa y en América del Norte la obtención del agua, lejos de haberse convertido en una preocupación, no es siquiera una necesidad, en los países del África Subsahariana, las mujeres y los niños (quienes en el 71% tienen asignada la tarea de conseguir agua) gastan cada día en torno a unas 20 millones de horas a dicha labor, según datos de la ONG World Vision. Éste no es un dato baladí y, sumado a la baja calidad del agua que son capaces de hallar, produce al día unas 4.000 muertes por enfermedades asociadas a la falta de agua, tal y como alerta Plan International. Enfermedades como el cólera, el tifus, la diarrea o la disentería que acaba con la vida de 1.5 millones de niños y niñas cada año. En concreto, la diarrea se lleva a unos 750 mil niños menores de 5 años, el 60% de los cuales serían fácilmente salvables mejorando la condición del agua y los alimentos que consumen y el estado de higiene en que viven.

Las más de 650 millones de personas alejadas de la oportunidad de conseguir agua potable de las que hablábamos al comienzo, nos alerta la ONU, son tan sólo un adelanto si no se actúa inmediatamente y de forma radical en atajar los problemas de desigualdad entre regiones que, en un mundo globalizado, deberían no existir. Y es que el futuro que pronostica la Organización de las Naciones Unidas es devastador: la progresión hacia la cual nos conducimos es la de encontrarnos en 2025 con 2/3 de los habitantes del planeta con escasez de agua. Ésto implicaría que, en tan sólo 9 años, la cifra ascendería a los 5.000 millones de habitantes (sí, 9 ceros) con escasez de agua.

Como dijimos, son las diferencias causadas por un sistema económico basado en la explotación de los pueblos las que verdaderamente ponen los pelos de punta, pues, si bien en los países occidentales apenas hemos notado -más que en sectores directamente relacionados con el consumo de agua- esta falta, la merma de recursos está siendo más que evidente en aquellos habitantes de zonas como el África rural. No es para menos, pues el consumo que realizamos en España es ocho veces mayor de lo que se consume en estas regiones empobrecidas, y en una ducha de 1 minuto (unos 20 litros) gastamos más que un habitante del África rural para beber y asearse (entre 7 y 18 litros). Las comparaciones, en el capitalismo, son de nuevo odiosas.

Además, no es exclusivamente cómo impacta sanitariamente la falta de agua, sino que se ha convertido en un problema de alcance, también, económico, pues 3 de cada 4 empleos en el mundo dependen bien directamente (el 42%), como la pesca, la agricultura o la minería, bien de forma “moderada” (el 36% de los empleos mundiales), como ocurre en la construcción, el ocio o los transportes.

¿Qué podemos hacer para ayudar?

Se trata, quizás de la pregunta clave. En primer lugar, hemos de aclarar que, si bien cerca del 71% de la superficie terrestre está ocupada por agua, tan sólo el 2.5% de este agua es dulce. Y el porcentaje de agua apta para el consumo es aún más reducido: un 0.5%, de la cual parte se encuentra de forma subterránea. Ésto es lo que hace del agua un bien no renovable, es decir, que puede llegar a escasear.

Según la OMS, un consumo diario responsable sería de en torno a los 100 litros por habitante y día. Sin embargo, en los países occidentales se lleva a cabo un consumo muy superior, claramete sesgado, a su vez, por el nivel adquisitivo de las personas. Las clases más bajas del planeta, además, se ven obligadas al consumo de agua de muy baja calidad debido a los desmanes contaminantes de los países con economías más poderosas.

Algunos trucos sencillos para ahorrar agua:

  1. No arrojar aceite por el lavabo, pues es altamente contaminante.
  2. Limpiar las frutas y verduras en un recipiente. El ahorro puede ser de hasta 10L cada vez.
  3. Llenar el lavabo para afeitarse en vez de abrir el grifo constantemente puede ahorrar hasta 400 litros a la semana para aquellos que tengan que afeitarse con asiduidad.
  4. Como hemos visto, 1 sólo minuto de ducha equivale al consumo de un habitante del África rural para su supervivencia. Sustituir los baños por duchas puede hacer que ahorremos hasta 30.000 litros al año.
  5. La cadena del váter gasta en torno a los 7-10 litros de agua cada uso, por lo que hay que hacer una utilización responsable de ésta.
  6. Fuerza a las autoridades a llevar a cabo un consumo responsable. Como en todo, el pueblo salva al pueblo y sin presión ciudadana los desmanes propios del capitalismo no sólo no aflojarán sino que irán in crescendo. El del agua es también un problema del capitalismo, y hay que actuar en él como tal.