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El beso de la discordia

En política, no hace falta más que algo típicamente adscrito a los programas de corazón para que surja el debate de donde, ni por mucho menos, debiera surgir. Las cosas son tal que así; tras la intervención de Xavier Domènech en el Congreso de los Diputados, Pablo Iglesias y el anteriormente nombrado protagonizaron sin saberlo lo que iba a ser el fruto de debate en toda política ulterior durante esta semana, esto es, un beso. Ante tal situación no pude contener mi sonrisa. La expresión de Luis de Guindos fue escandalosa, quizá, quién sabe, por envidia, quizá, por ascetismo. Un gesto muy diferente al de los abucheos, al de la indiferencia, al de la pereza que protagonizaron tanto partidos, como sindicatos en el debate de investidura, porque, aunque no haya sido tan debatido como el beso de la discordia, sí que merece mención el descaro con que los sindicalistas menospreciaban el futuro de los trabajadores a los que, supuestamente, representan.

Sea cual fuere el asunto, tal situación dio para mucho. Tal es así que en redes sociales he visto la misma noticia compartida cientos de veces por personas diferentes y con exclamaciones tan antagónicas entre sí como sorprendentes. Como bien debió decir algún antiguo, en política solo hacen falta dos cosas: pan y circo. Sin embargo, a día de hoy escasea lo primero, mas lo segundo se ve en tal abundancia que la mera posibilidad de hablar seriamente sobre un tema que nos debiera concernir a todos seriamente y sin cachondeos, es tan esquiva que da pena. Analizaré pues los aspectos que he visto destacables de tal noticia que podríamos calificar de viral.

Por una parte, los comentarios de aquellos anticuados que se refieren a la seriedad, necesaria en tiempos como el vivido, frente al beso que reprochan de “falta de respeto”. Bien, no queda más que decir que una pregunta ¿Acaso no es falta de seriedad el hecho de que esté usted dando mayor importancia al beso que, por ejemplo, a la denuncia que lanzaba Pablo Iglesias alegando a la “cal viva” de Felipe González? Comparto la necesidad de seriedad, pero no comparto el por qué tal acto es una falta de respeto. Más bien, la falta de respeto se nos ejerció cuando, casi queriéndonos tomar el pelo, el PSOE presentó su investidura a pesar de saber que no saldría adelante su proyecto. Más bien, la falta de respeto la protagonizó Mariano Rajoy levantándose en mitad del plenario, ignorando las réplicas hacia las faltas que su Gobierno había cometido. Entre otras faltas de respeto que se cometieron a la ciudadanía en ese plenario del pasado miércoles.

Por otra parte, los comentarios que se lanzaban igualando a estos dos apasionados junto con otros besos del pasado en la política. La verdad, esta otra perspectiva me hizo mucha más gracia que la anterior. La posibilidad de establecer similitudes y significado político a un gesto, que lejos de ser mero circo, se establece como significativo, dignificando una nueva actitud en la política. El mensaje queda claro: no tenemos nada que ver con la vieja política, estamos muy lejos y sentimos mucho cariño hacia los nuestros. Un mensaje de unidad, frente a lo que otros denominarían como paralelismo soviético. No creo en este paralelismo, pero sí en que ambos tenían significado político; un significado de unidad, de estabilidad interna. Se agradece tras espectáculos como el de Esperanza Aguirre, lanzando bombas a Mariano, o el que protagonizaron los barones socialistas tras las elecciones, obligando a Pedro Sánchez a no pactar con Podemos. Gestos que se interpretan como distantes, disyuntivos que pretenden decir: “no somos amigos, tan solo estamos juntos por interés común”.

Tal es la situación y, me siento defraudado de escribir sobre tal nimiez y no hablar sobre cuestiones importantes sobre las que se les ha echado tierra de por medio. Mientras el debate continua, pocos son los cuerdos que se quedarán a hablar sobre el significado de un pacto entre dos fuerzas que, distantes ideológicamente, ha decidido juntarse para defender lo que ambos defienden; las oligarquías económicas. Sin duda, da miedo pensar que se tienen más detalles sobre el beso que sobre el debate que aconteció posteriormente, un debate en el cual se denunció una actitud insultante como es la de Pedro y Albert. Absolutamente todo tiene su valor político, pero surge un gran problema en una sociedad democrática cuando el colapso de información convierte los telediarios en marcas blancas del Sálvame Deluxe de la política.