Artículos de opinión Unión Europea

Cuando Europa perdió la decencia

Europa siempre ha constituido el referente del bienestar, de la solidaridad, de los lazos culturales. Europa fue, durante muchas épocas, sinónimo de las luchas obreras, de las luchas por los derechos civiles. Poco a poco, el sentimiento de progreso de este viejo continente se ha desvanecido al albor del auge de los partidos de extrema derecha. Los altos dirigentes europeos y las entidades supranacionales han decidido mirar para otro lado pagando a Turquía 6.000 millones de euros para que controle el flujo migratorio de refugiados políticos provenientes de países asiáticos y africanos. Se ha acabado la Europa que conocíamos; a partir de aquí, podemos concluir una etapa que ha sido esplendorosa para el conjunto de socialdemócratas que nos han auspiciado bajo sus paraguas, intentando resistir el mayor tiempo posible las embestidas de un sistema neoliberal que se implantaba poco a poco y con una virulencia jamás vista. Estos, que se levantan adalides de la libertad de comercio y se acuestan con las manos manchadas de sangre, han conseguido convertir un problema netamente político en una cuestión de mercado. Los refugiados (o un simple inmigrante) es un número en una pantalla, no es una vida. Cuando el dinero se interpone entre la política y la sociedad, surge la economía capitalista; cuando el capital se quiere abrir un hueco para hospedarse en las fallas del sistema social, se producen las mal llamadas crisis de conciencia. Pero todos sabemos que no es así. El sistema capitalista en Europa es un parásito que se alimenta de un caballo famélico que, tiempo atrás, competía veloz en todas las carreras de equitación.

Durante años, la derecha ha inoculado a la población europea un conjunto de mensajes que han calado muy bien. “Los inmigrantes nos roban el trabajo” es el máximo exponente de este subconsciente racista y supremacista. La masa ha hecho propios estos mantras y, con esta crisis, los neoliberales están recolectando lo que han sembrado años atrás. La expulsión violenta de refugiados no sólo no nos escandaliza, sino que consigue la aprobación de buena parte de la sociedad y de los políticos que antes llamábanse socialdemócratas, que temen un sorpasso electoral de los partidos fascistas emergentes. Véase el caso de Demócratas de Suecia, del Partido de la Libertad holandés o Alternativa por Alemania. Europa es ese monstruo que está proceso de crear un nuevo Hitler. Las coincidencias con el siglo pasado son terroríficas. Si ahora son los inmigrantes los que roban nuestro trabajo, para los nazis lo eran los judíos, fuente de todo mal del mundo. El sujeto no es lo que importa, lo que importa es la imposición de una mentalidad sobre otra por la fuerza. Merkel, Hollande, Cameron y demás calaña tienen miedo de perder sus poltronas y, por ello, cada vez se escorarán más a la derecha. Aún así, eso no les impedirá llamar antisistema o “peligroso radical comunista” a aquél que se atreva a decir algunas verdades a la cara de tanto desgraciado y animal político, no en el sentido aristotélico del término, sino en el sentido peyorativo.