Anticapitalismo Artículos de opinión

Crítica al «manifiesto por el socialismo»

Desde el pasado mes de Enero circula por Internet un texto llamado por sus impulsores «manifiesto por el socialismo», promovido por conocidos miembros de Izquierda Unida entre los que se encuentra la eurodiputada Marina Albiol, que aboga por «repensar» la izquierda marxista.

Al igual que hicieron con los estudios de Gramsci para justificar la injustificada deriva eurocomunista de los PPCC, los precursores de este manifiesto pretenden convertir las palabras revolucionarias de Rosa Luxemburgo en meras ideas oportunistas, alejadas de toda realidad y de toda ciencia marxista, para justificar de nuevo la falaz y absurda afirmación euroconomunista: “dictaduras ni las del proletariado”.

Los autores del manifiesto, lejos de parecer marxistas, parecen más bien colegiales a los que le acaban de impartir su primera clase de la filosofía de Marx, luego confunden y oponen desde una perspectiva burguesa, entre otros, los términos «democracia» y «dictadura» y, además, en consecuencia, caen ridículamente en el idealismo burgués.

Los impulsores del manifiesto afirman que “La degeneración de los regímenes instaurados tras las revoluciones, su creciente burocratismo y pérdida de la capacidad de control democrático por parte del pueblo trabajador, son la prueba de que un sistema social no exige sólo la superación de la propiedad privada de los medios de producción, sino que necesita la más escrupulosa democracia en todos los terrenos de la vida social. Sin levantar el nivel de vida de la población y sin reducción de la jornada de trabajo no hay socialismo. Sin control meticuloso del aparato del Estado no hay socialismo, sin revocación de los cargos públicos, sin libertad de expresión, de manifestación, sin libertad de partidos… no habrá más que una vuelta al pasado, tal como hemos comprobado en los mal llamados países de “socialismo real”.

Además, para dar validez a esta afirmación, se apoyan en una cita de Rosa Luxemburgo: “la tarea no es abolir toda democracia, sino construir una democracia socialista, superando la democracia que levantó la burguesía”.

Por tanto, los problemas de los países que constituían el “socialismo real”, según los impulsores del manifiesto, es que en ellos no se construyó una “democracia socialista”, ya que existía un exceso de burocratismo, había ausencia de libertad de partidos, de libertad de expresión… En fin, lejos de ser un análisis marxista, este manifiesto nos da más bien una respuesta desde la perspectiva no-científica del idealismo burgués, luego como ya nos desveló, dede un punto de vista marxista, Étienne Baibar y Louis Althusser el “burocratismo”, por ejemplo, se originó en la URSS debido a la incapacidad de sustituir, por parte de algunos mandatarios soviéticos, ciertos aparatos ideológicos que sobrevivieron del anterior modo de producción y que reproducían las relaciones sociales de producción capitalistas en el seno del Estado socialista y, además, mucho más importante, este “burocratismo” se originó debido al error de Stalin (y posteriormente aplicado por Jrushchov) de creer que la dictadura del proletariado se constituía antes que el socialismo y, que una vez alcazado este último, ya no haría falta un control por parte del proletariado. No obstante, al contrario de lo que pensaba Stalin, la dictadura del proletariado es el socialismo mismo, es decir, la dictadura del proletariado no es más que la transición del capitalismo al comunismo, pues no hay socialismo más que desde el punto de vista del comunismo (Lenin). En consecuencia, un error mecanicista, anti-dialéctico y escolástico hizo que el Estado socialista abandonase su forma de “Estado de transición”.

Por ende, si los precursores del manifiesto pretenden “aprender” de los errores del pasado no deberían abandonar a la ligera la consigna de la dictadura del proletariado. Sin embargo, por otro lado es algo comprensible, luego muchos son los que se creen las falacias y las consignas de la burguesía, tal es el caso de la oposición Democracia vs Dictadura. No obstante, no se dan cuenta que esta oposición es presentada por la propia ideología jurídica burguesa y que, en suma, es una diferencia jurídica, es decir, una democracia en el modo de producción capitalista es una democracia porque es la afirmación del Derecho burgués y, en consecuencia, un estado democrático no puede ser una dictadura, puesto que es un “Estado de derecho”. Por tanto, es preciso elegir: o bien el sistema de representaciones de la ideología jurídica burguesa, que excluye el análisis del Estado en término de lucha de clases, pero que lo excluye para conducir la lucha de clases desde el punto de vista de la burguesía de la que el actual Estado es instrumento, o bien el punto de vista del proletariado, que denuncia esta mistificación para poder luchar contra la dominanción de la clase burguesa. Entre estas dos  posiciones no hay compromiso posible: no puede hacer «sitio» al punto de vista de la lucha de clases en el seno de la concepción jurídica burguesa del Estado.

Pues, a una democracia no se le puede caracterizar más que por su naturaleza de clase: burguesa o pequeñoburguesa (dictadura de la burguesía), o popular (dictadura del proletariado), la cita de Lenin es clave para este asunto: toda democracia es una dictadura de clase. Es decir, la democracia burguesa es una dictadura de clase: dictadura de la minoría de los explotadores y capitalistas, es por ello, de vital importancia, por lo que el proletariado debe imponer su propio poder y su propio aparato de Estado (represivo e ideológicos) y, por tanto, su propia dictadura de clase: la dictadura del proletariado; democracia de la inmensa mayoría de los trabajadores y explotados, para avanzar hacia una sociedad sin clases.

Si la lucha de clase del movimiento obrero ha tenido que fijarse como objetivo la dictadura del proletariado ha sido por una razón material. Porque la explotación capitalista entraña inevitablemente la dictadura de clase de la burguesía, y descansa sobre ella, sean cuales sean las formas desigualmente violentas y abiertamente represivas de esta dictadura en condiciones históricas particulares; y es por ello por lo que resulta imposible destruir las bases históricas de la dictadura burguesa sin emprender inmediatamente la destrucción del aparato existente, que no podría funcionar tal cual al servicio de los trabajadores. Si creen, pues, poder luchar por la «democracia real», por la «democracia de las masas populares», sin pasar por la dictadura del proletariado, entonces pretenden negar la existencia de la dictadura de la burguesía, y negar el papel del aparato de Estado como instrumento de la explotación.

Por otro lado, los precursores del manifiesto dejan claro que de marxismo saben poco, pues lanzan estulticias como: “si queremos cambiar las reglas del juego, no hay otra opción que cambiar las relaciones de propiedad”. ¿Cambiar las relaciones de propiedad?, ¿de verdad sois marxistas?, luego Marx siempre definió las relaciones de producción que constituyen el modo de producción socialista no por la propiedad colectiva (socialista) de los medios de producción, sino por su apropiación colectiva o común por los hombres libremente asociados. Rechazo, por tanto, de una definición por el Derecho de lo que no puede ser definido por el Derecho, incluso llamado socialista. Este rechazo va muy lejos en Marx, pues manifiestamente a sus ojos todo Derecho, siendo en última instancia el Derecho de relaciones mercantiles, queda definitivamente marcado por esta tara burguesa: pues todo Derecho es por esencia, en último término, no igualitario y burgués. Para construir el socialismo es menester implantar nuevas relaciones de producción que abolan realmente los efectos de explotación de antiguas relaciones de producción y todos sus efectos de clase. La construcción del socialismo no puede, por consiguiente, ni siquiera regularse mediante fórmulas puramente técnicas: propiedad de los medios de producción + mejor organización técnica del proceso de trabajo. En el límite son formulas que, si no son seriamente criticadas y rectificadas, y muy rápidamente, se arriesgan a quedar apresadas en la ideología economista-tecnicista-jurídica-burguesa del trabajo. Sólo es posible un análisis y un posterior desarrollo de estas relaciones no mercantiles «pasando» por la dictadura del proletariado.

Además, los impulsores del manifiesto se atreven también a hacer un analisis del ejemplo de Grecia:

“Hay dos errores que destacan por encima de los demás; el primero es que el gobierno de Syriza infravaloró el carácter del enemigo al que se enfrentaba.

Y el segundo error, el más grave, es que los dirigentes de Syriza han infravalorado sus propias fuerzas, las fuerzas de la clase trabajadora y del pueblo griego, que han demostrado durante años estar preparados para la lucha. Los generales de Syriza no se han atrevido a ponerse al frente de la batalla, han claudicado sin lucha, han dado la espalda a su clase y se han arrodillado ante el enemigo”

De nuevo, el analisis es ridículo, burgués y anti-dialéctico, luego a los redactores del manifiesto no se les ha ocurrido, dejando a un lado el oportunismo de Syriza, que el triunfo por parte de las masas jamás estará garantizado si no se conquista el poder político y, en consecuencia, se desmantela el aparato de Estado burgués para sustituirlo por un aparato de distinto tipo histórico, luego Syriza no sólo se enfrentaba a un enemigo externo (la UE), sino también a un enemigo interno: al poder de Estado y aparatos de Estado burgués griego, pues obtener el gobierno no es ni siquiera obtener el poder y, mucho menos, desmantelar los aparatos de Estado burgués. Sin la toma del poder de Estado, sin el desmantelamiento del Aparato represivo de Estado, sin una lucha para quebrar los Aparatos ideológicos del Estado burgués, el triunfo no puede ser más que provisional, como se vio en Europa Central en los años veinte o en el gobierno de Salvador Allende.

No se puede hablar de marxismo sin hablar de comunismo, puesto que no hay socialismo más que desde el punto de vista del comunismo, y estos redactores del manifiesto dejan claro que lo único que pretenden es cambiar el capitalismo con “políticas socialistas” con el fin de «aislar» a la burguesía. No obstante, si se cree poder vencer la dictadura de la burguesía «aislando a la burguesía», sin toma del poder de Estado, sin quebrar los aparatos del Estado burgués, la burguesía, incluso «aislada», sabrá qué uso hacer, sea cual sea la tendencia del gobierno en el poder. No hay, pues, «paso» parlamentario al socialismo que sea simplemente concebible, pues es imposible. Tampoco es posible concebir que el «paso» al socialismo pueda darse añadiendo a la acción de una mayoría electoral “que se reclame al socialismo”, o incluso que lo quiera, una acción política de las masas por un único objetivo «aislar a la burguesía» en general. Si las masas no intervienen de forma decisiva, no a fin de “aislar a la burguesía”, sino para desarmar-desmantelar el Aparato represivo de Estado, no habrá triunfo posible y duradero, pues jamás el Estado burgués aceptará dejarse tomar y destruir (pues es de tomar el Estado de lo que se trata, y no de «derribar al gobierno» o de «cambiar» solamente de «régimen»).

En resumen, todo el esfuerzo, toda la presión ininterrumpida de la ideología burguesa tiende a querer liquidar el marxismo y, en particular, a liquidar la teoría marxista del Estado y, por tanto, la dictadura del proletariado, sustituyéndola por la ideología del socialismo reformista. Actualmente, nos encontramos ante un enfrentamiento en el que cada uno de nuestros errores, cada uno de nuestros retrocesos, son inmediatamente explotados por el adversario. Y este adversario, el imperialismo, ha escogido ya, desde hace mucho tiempo, la posición que le conviene. Su dictadura de clase, la dictadura de la burguesía, no tiene ninguna necesidad sino más bien todo lo contrario, de ser llamada por su nombre y estimada en su fuerza histórica real. Suprimir la dictadura del proletariado es suprimir del mismo plumazo la dictadura de la burguesía… de palabra.