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Los carnavales de Carmena y los titiriteros

Ahora Madrid, una festividad tradicional (carnaval) y enaltecimiento del terrorismo: podría decirse que estamos hablando de la crónica de una muerte anunciada.

En este caso, el causante de la polémica ha sido una obra de títeres infantiles que, en principio, no presagiaban auguro alguno de revuelo. Sin embargo, una mala gestión del evento por parte del ejecutivo de Carmena y una respuesta desproporcionada, sirvieron como gasolina de un fuego que comenzó el mismo día en que a la ya nombrada alcaldesa le fue otorgado el bastón de mando de la capital.

Como en la obra de García Márquez, hemos comenzado nuestra crónica por el final. Sin embargo, es preciso analizar el comienzo de esta historia. Y el comienzo se sitúa en la obra La bruja y Don Cristóbal, de la compañía Títeres desde Abajo, quienes nos ofrecen su propia sinopsis de ésta: “La Compañía Títeres desde Abajo revive a Don Cristóbal Polichinela, ese oscuro personaje de la tradición popular ibérica. En esta ocasión, Polichinela llegará a Tetuán para imponer su voluntad a base cachiporra. Sin embargo, también habitará en estas tierras una bruja que tiene la firme decisión de amar su libertad por encima de todo y no dejarse pisotear por ningún Don Cristóbal, por mucho poder que éste se arrogue”.

Este resumen, como se puede apreciar, es bastante ambiguo en cuanto al contenido de la obra y si éste se adecuaría a uno u otro rango de edad. Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid confirma que la función había sido programada en el marco de los muchos espectáculos que estos días ofrece la capital con motivo del carnaval sin que esta hubiera sido vista previamente.

¿Y qué es lo que ha escandalizado a la opinión pública, la oposición, los medios y hasta al Ayuntamiento de Madrid? Oficialmente, el enaltecimiento del terrorismo, con pancartas como “Gora alka-eta”, un juez ahorcado y una monja acuchillada. Extraoficialmente, es obvia la necesidad de usar cualquier iniciativa del ejecutivo de Ahora Madrid como arma arrojadiza contra ellos, además de verse escandalizados por cualquier muestra de subversión. Por su parte, el ayuntamiento ha mostrado una fingida estupefacción -como ocurrió en el caso Zapata- tratando de eliminar la polémica dando un paso atrás.

Es justo, sin embargo, especificar unas cuantas cuestiones. Y es que, en primer lugar, el lema “Gora alka-eta” no es sino una parodia del archiconocido “Gora ETA” que se le atribuye, así como un juego de palabras con Al-Qaeda, por su parecido fonético. Además, en euskera existe la palabra alkatea que significa alcalde y por tanto es una crítica en forma de sátira a la represión de la protesta por parte del Estado. Sin embargo, la Audiencia Nacional parece no tener conocimiento de euskera pues ha decretado prisión provisional para los dos titiriteros envueltos en la polémica. Por otro lado, cabe mencionar que la compañía Títeres desde Abajo nunca hace mención al carácter infantil de la obra, por lo que la decisión de anunciarla como infantil fue de un consistorio municipal que, de forma irresponsable, ni siquiera vio la obra de forma previa.

Las consecuencias de este “juicio popular” al que se han visto expuesto los artistas son, por una parte, la ya citada sentencia de prisión provisional por enaltecimiento del terrorismo y, por otra parte, la decisión del Ayuntamiento de Madrid de cesar el contrato del director del carnaval, es decir, el responsable de la contratación de la obra.

Las críticas al ejecutivo madrileño no se han hecho esperar. Muchas de ellas, en forma de la misma sátira que puede llevar a unos artistas a la cárcel por denunciar -paradojas de la vida- la represión del Estado: