Anticapitalismo Artículos de opinión

Sobre la lucha de clases en la cuestión nacional catalana

Desde finales de la legislatura de Zapatero y a lo largo de esta última legislatura de Rajoy, la cuestión nacional de Cataluña ha ido cobrando importancia en dicha autonomía y se ha puesto en tela de juicio en el resto del territorio español. Sin embargo, a pesar de que este tema se ha puesto como orden del día en estos últimos años, es una cuestión que abarca a varios siglos atrás, pues los elementos que determinan la formación de una nación es la existencia de una comunidad que tiene un idioma, un territorio, una vida económica y una psicología en común heredados históricamente. No obstante, el motor que creó estas circunstancias y condiciones es la lucha de clases; un motor que nunca ha dejado de funcionar.

Históricamente, la lucha de clases en Cataluña y la lucha de clases en el resto del territorio español han determinado muchos hitos en la cuestión nacional catalana; comenzando por los primeros conflictos del Principado de Cataluña en el siglo XIV, siguiendo por La Sublevación de Cataluña en 1640 y terminando con la Revolución Industrial catalana, el nacimiento del catalanismo político y los acontecimientos de la Semana Trágica de principios del siglo XX. Todos estos acontecimientos, que ahora no nos detendremos a analizar, han surgido de la lucha de una clase social contra otra o de la lucha de intereses de una misma clase social.

Al considerar esta conjura, salta inmediatamente a la vista que en la actualidad la lucha de clases determinante en la cuestión catalana sigue vigente. Tal es el caso del, por ejemplo, insignificante a simple vista “España nos roba”, pero que en realidad es un eslogan utilizado por la burguesía política catalana para defender sus intereses al del resto de la burguesía española y con el pretexto de defender al pueblo catalán de las fechorías de éstos últimos; así se reinició la cuestión nacional de Cataluña en la actualidad. No obstante, como todos sabemos, la corrupción y el robo en masa no sólo se cometía en España, sino que también lo cometían aquellos que defendían la independencia catalana, lo que demuestra que esta declaración independentista es más bien un empeño de la burguesía política catalana en lugar de un proceso popular. Han corrompido a la clase trabajadora con las ideas nacional-liberales que buscan, simplemente, la defensa de los privilegios de esta burguesía política catalana. -Una república burguesa catalana, que no llevara el nombre de Borbón ni existiera una subordinación a la burguesía española, sino que prevalezca por encima de todo el nombre de capital; este es el sueño de la burguesía política catalana-.

Al igual que Sancho Panza acompañaba de manera cortés a Don Quijote, parte de la pequeña burguesía catalana hace lo propio acompañando a su burguesía política por esta aventura independentista, pues la primera se ha dejado embaucar por la segunda y por la herencia histórica de la lucha de clases. Lo cierto es, que la pequeña burguesía catalana no ve en riesgo sus intereses a corto-medio plazo si se diera la independencia, ya que, en su mayoría, viven de las ventas de proximidad del territorio catalán y, según ellos, la secesión es beneficiosa para Cataluña. Sin embargo, enfrentándose a estas facciones independentistas, se encuentra la gran burguesía catalana que muestra una gran preocupación, pues sus principales empresas tienen al resto de España como su principal mercado. Además, para la gran burguesía del resto de España, la independencia de Cataluña tendría el mismo significado que para la burguesía catalana: perte de capital et d’intérêts.

Por otro lado, en este cascarón independentista no solo hay partidos burgueses o pequeño burgueses, sino que también hay uno que se hace encuadrar en la línea anticapitalista, pero que, sin embargo, parecen confundir la autodeterminación con el separatismo burgués. La CUP es este partido que entró en la escena de la cuestión nacional catalana por la llamada de la lucha de clases, pues se suponía que representaba a la clase trabajadora catalana y defendía sus intereses. Sin embargo, como hemos visto estos últimos días, la CUP ha demostrado su valía de oportunista al haber vendido a la clase trabajadora catalana no a la burguesía española, sino a la burguesía política catalana; han convertido lo revolucionario de la independencia, en algo contrarrevolucionario para la clase trabajadora.

La CUP, cegada por su oportunismo, no se ha percatado de que si el proletariado de una nación histórica, en este caso Cataluña, apoya en lo más mínimo los privilegios de “su” burguesía nacional, provocará inevitablemente la desconfianza del proletariado de la otra nación y viceversa. Los intereses de la clase trabajadora y de su lucha contra el capitalismo exigen completa cohesión, la más estrecha unidad de los obreros de todas las naciones; exigen que se rechace la política nacionalista de la burguesía de cualquier nacionalidad. Lo mismo le da al obrero asalariado que su principal explotador sea la burguesía española o la burguesía catalana. Al obrero asalariado que ha llegado a comprender sus intereses de clase le son indiferentes, tanto los privilegios estatales de los capitalistas españoles, como las promesas de la burguesía política catalana de instaurar el paraíso sobre la tierra cuando ellos obtengan privilegios estatales. En todos los casos, el obrero seguirá siendo objeto de explotación y de opresión y, por tanto, la autodeterminación se vería degenerada en este caso.

Como ya apuntó Lenin, para luchar con éxito contra la explotación y la opresión se requiere que el proletariado esté exento de nacionalismo, y sea absolutamente neutral, por así decirlo, en la lucha que por la supremacía se desarrolla entre la burguesía de las diversas naciones. Sin embargo, la CUP se ha dejado llevar por la charlatanería política, y no por las decisiones de las masas. Las masas saben perfectamente, por su experiencia cotidiana, el valor de los vínculos geográficos y económicos y las ventajas de un gran mercado y de un gran Estado. Por lo tanto, sólo recurrirán a la separación cuando la opresión nacional y los rozamientos nacionales hagan la vida en común absolutamente insoportable  y, sólo en este caso, la lucha de clases se posicionará de parte de quienes se separen por su propia voluntad, y no por voluntad de los intereses de la burguesía o de cualquier tipo de oportunistas.

En conclusión, decir que al ser esta una entrada de opinión no me da para extenderme mucho más, así que acabaré por decir lo que ya dijo Marx, el motor de la historia es la lucha de clases. Por tanto, si habéis estado algo avispado a lo largo del texto, os habréis dado cuenta de cómo la lucha de clases es determinante en este hito histórico.