Artículos de opinión

¿Estamos perdiendo?

Como sabemos nos encontramos ante una crisis orgánica que se lleva manifestando en toda su plenitud desde el 2008. Empezó por una recesión económica creada y manipulada por los bancos europeos y estadounidenses. Los cuales empezaron a endeudarse más y más hasta que a los ciudadanos nos obligaron a rescatarlos. Según cifras oficiales nos costó 100.000 millones. Es decir, nos introdujeron en una de las peores crisis financieras de nuestra historia reciente y encima la tuvimos la tuvimos que costear. Y por supuesto nadie ha asumido sus responsabilidades. Es más, Luis de Guindo, responsable de la quiebra de Lehman Brother, le homenajeamos dándole la cartera de Economía. Sí, todo muy perverso. Y para terminar, tuvimos que aguantar unos Telediarios que no decían una y otra vez que si estábamos en esta situación era por nuestra culpa, que habíamos vivido muy por encima de nuestras posibilidades. Mientras tanto veíamos como nuestras condiciones materiales de existencia seguían empeorando. Y al mismo tiempo, la oligarquía responsable que nació con el franquismo y que se perpetúo en la democracia seguía viviendo igual.

Pero todo esto es sólo una parte del relato que están intentando impregnar en nuestra conciencia. Sigamos desentrañando. La crisis de régimen también refleja una pérdida de credibilidad de los ciudadanos hacia la totalidad de las Instituciones y sobre los pilares que habían sustentado el Régimen del 78. Lo cual se abrió con el 15M en el 2011 y su consigna por excelencia: ¡No nos representan! – gritaban los manifestantes por gran parte de España. Lo cual era un síntoma de cómo esa relación entre representantes y representados se había roto por culpa de una ruptura del contrato social que legitimaba al representante. Ya podíamos percibir como ese mito de que las nuevas generaciones vivirían mejor que las anteriores era una falsa. Pero además era un grito impugnando a todo el sistema vigente y sus contradicciones. En tanto que se suponía que teníamos un Sistema del Bienestar y al mismo tiempo te echaban de tu casa sin una alternativa habitacional, o que los poderes supranacionales que no responden a ningún tipo de mecanismo democrático tenían más capacidad de decisión en nuestros aparatos de decisión y cambiaban la Constitución en dos noches. O que la sanidad y la educación estuvieran en un proceso de privatización y mercantilización. En el cual si no tienes el dinero suficiente para costearte las medicinas no te proporcionan ningún tipo de ayuda o prestaciones. También vemos a personas que están en una disyuntiva real entre comer o pagar la casa.

Cómo decía al principio del artículo en el año 2008 estábamos entrando en una crisis orgánica de la cual a mi juicio se puede salir de dos maneras radicalmente opuestas: la primera a través del manejo y la guía constante de la clase dominante o en términos gramscianos “revolución pasiva” que de forma muy sucinta significa recoger unas determinadas demandas de la clase subalterna para que nada cambie en la propia estructura de poder. Es lo que podemos definir como reformas. Lo cual fue un elemento muy característico del Régimen del 78. El segundo caso es a través de un proceso constituyente, donde sea el propio pueblo a través de los mecanismos de participación democrática quien pilote el cambio. Y cuestión relevante es ¿Y quién está dirigiendo el proceso en nuestro país? En mi opinión, y reflejando el pesimismo que siempre me ha caracterizado pienso que la oligarquía. Lo argumento por lo siguiente: pienso que la clase dominante a día de hoy es la que más se ha beneficiado de la situación en la que estamos actualmente. Con la crisis y gracias a las políticas de austeridad la desigualdad ha aumentado de forma significativa en todos los países europeos. En España nos hemos situado sólo por delante de Letonia en este aspecto. También ha provocado que gracias a la bajada de salarios y un empeoramiento de las condiciones laborales una pequeña parte de la población se beneficie a costa de la mayoría social. Y por tanto hemos visto como el número de millonarios ha aumentado en los últimos años. Pero es que también hemos podido comprobar cómo la frustración se ha apoderado del pueblo griego. En el año 2014, Syriza ganó las elecciones y cuando quiso empezar a aplicar el programa electoral con el que se había presentado a las elecciones se vio obstaculizada por ese ente que denominamos Troika Y automáticamente sus pretensiones de cambio social se vieron anuladas. Pero no contentos con eso, corroboramos como se firma un segundo memorándum y se comienzan a intervenir los sectores estratégicos de la economía griega y empiezan a ser privatizadas y vendidas a grandes empresas de inversiones alemanes y francés. Mientras el mandato del pueblo griego ratificadas en un Referéndum queda en un segundo plano. Constatamos una vez más como la equidistancia en referencia a los aparatos de decisión del Estado que es una máxima en una democracia se pervierte y se degenera por la élite.

Por esto y porque no hay mimbres no me decanto por la segunda opción de salida de la crisis orgánica que comentaba arriba. Nos están ganando por goleada y creo que sería bueno y consecuente reconocerlo. Así mismo pienso que uno de los factores que han determinado esta situación es que la izquierda dejó hace mucho de ser pueblo y se ha convertido en ese elemento que nació del mismo pueblo pero que se ha separado más y más hasta que se ha divorciado. Por eso ahora más que nunca, hay que repensarla y dotarla de más contenido y de formas. O que la barbarie se extienda.