Artículos de opinión

¿Por qué no puedo ser entrenador Pokémon?

Todo se frustró aquel fatídico día en el que empecé a descubrir que el mundo no es tal como lo concebimos a nivel personal los seres humanos. Ese día en el que me di cuenta de que hay que dejar atrás las concepciones basadas en construcciones perfectamente establecidas por la inmensa capacidad de imaginar que poseemos de pequeños.

Seamos sinceros, llegado cierto punto de nuestro crecimiento personal a ninguno nos gusta madurar, porque eso supone dejar atrás buena parte de esa capacidad para soñar a lo grande y de crear con nuestra mente sin límite alguno, ya que es esta etapa en la que por lo general gozamos de una mayor libertad al no tener responsabilidades que nos limiten. Pues bien, como se puede deducir por el título del artículo, en mi niñez el universo Pokémon representó para mí una parte importantísima de mi vida, tanto como afición, como refugio personal e incluso como fuente de inspiración y aprendizaje. Os podéis hacer una idea de cuan importante fue cuando incluso llegué a pensar en ser un entrenador Pokémon, claro que luego el tiempo y el peso de la realidad harían caer esas aspiraciones creadas en mi mente.

Creo sinceramente que tal como a mí me afectó el universo de Pokémon, lo hizo también con muchas otras personas que recordarán con añoranza este mundillo que llegó a ser algo más que unos simples videojuegos. Además podríamos hablar de miles de videojuegos, libros, cómics, películas, etc, que han influido enormemente a la hora de expandir la capacidad de imaginar de todos cuando éramos niños. Y es ahora cuando me planteo rememorando aquello ¿por qué no puedo ser entrenador Pokémon?, ¿por qué he de dejar de soñar a lo grande?, ¿por qué no puedo seguir aprovechando la enorme capacidad para imaginar que los niños tienen?

Obviamente sé que el universo Pokémon no existe y que las cosas no son tan simples como para tomárselas tal como lo hace un niño, pero pienso que en la vida no todo ha de ser madurar por madurar y vivir rodeado de obligaciones que se impongan a todo, que hay ciertas cosas que solo se aprenden a base de errores y también, que guardar en un cajón la imaginación y la creatividad que tuvimos de niños; además de dejar de hacer ciertas cosas que son tachadas de ser para “críos”, como ver dibujos animados, jugar a videojuegos o leer cómics, solo nos hace perder parte de lo que fuimos y probablemente de lo que somos.