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El problema no es D’hont

En la carrera hacia las elecciones generales, no son pocos los artículos que han acusado al matemático Víctor D’Hont de la desproporción en nuestro sistema electoral. En realidad, poco tiene que ver con él.

Lo cierto es que D’Hont se vuelve más proporcional a medida que el número de escaños a repartir se hace más grande. Así, en circunscripciones como Madrid o Barcelona, que dan más de 30 escaños cada una, D’Hont no penaliza a los partidos pequeños. Donde sí hay una desproporción gravísima es en las provincias más pequeñas. Sobre todo en las del interior. Es ahí, donde las circunscripciones suelen ser menores a 6 diputados, donde nuestro sistema electoral demuestra lo mayoritario que puede llegar a ser.

Sin embargo, aún usando métodos más proporcionales como el coeficiente Hare, poco se notaría a la hora de la verdad. Nuestro sistema electoral es mayoritario porque está dividido en muchas circunscripciones. Algunas son tan pequeñas que reparten solo 2 escaños (como Soria) o 1 (como Ceuta y Melilla). E incluso las que reparten 3 o 4 pueden machacar a los partidos pequeños, ya que si no llegan al 18% de los votos, pueden quedarse fuera ahí también.

La división en provincias genera otro problema, mientras que en Madrid hay un escaño por cada 177.000 habitantes, en Soria hay 1 por cada 46.000. Esta desproporción, que beneficia a las provincias más pequeñas (típicamente rurales y conservadoras), es la que provoca una sobrerrepresentación de PP y PSOE en escaños. La solución, sin embargo, no puede pasar en quitar escaños de estas para dárselos a las circunscripciones grandes, ya que muchas provincias pasarían a dar 1 o 2 escaños, lo cual lo haría todavía más mayoritario.

Si queremos acabar con esta desproporción. Solo podemos hacer una cosa: la circunscripción única.