Estado Español

El problema no es D’hont (II)

Los resultados de los comicios del 2015, señalan una vez más al sistema electoral como culpable de la desigualad en cuanto a la coincidencia entre representatividad parlamentaria y resultados electorales ¿cómo es posible que partidos como Unidad Popular-Izquierda Unida haya obtenido únicamente 2 diputadas[1], habiendo sido la opción elegida por casi un millón de ciudadanas? ¿por qué Podemos ha obtenido 21 diputadas menos que el PSOE, siendo la diferencia de votos entre ambos de 1,34%? El causante de todo lo anterior, no es la ley D’hont como ya se apuntaba en un artículo de este mismo medio, sino otra pieza del sistema electoral: la circunscripción. Dicha afirmación, implica por un lado, explicitar que además de la fórmula con la que se traducen los votos en escaños, hay otros elementos que componen el sistema electoral y por otro, sembrar una inquietud a las lectoras que hace referencia a los mecanismos que operan en la circunscripción a la hora de generar tales desigualdades en la representación. El objetivo del artículo presente es precisamente profundizar en esta última cuestión.

Antes de empezar con el meollo del asunto, cabe apuntarse que el sistema electoral se compone de cinco elementos: la circunscripción, el prorrateo, el umbral legal, la ley electoral y la forma de voto. En este artículo nos centraremos en analizar los tres primeros.

Como venimos diciendo, la circunscripción, definida como conjunto de votantes sobre las que se efectúa la operación de asignar escaños entre las candidaturas que se presentan, es la pieza que causa las mayores distorsiones en cuanto a representación. Sin embargo, cabe apuntarse que, per se, no es un elemento maligno del sistema, sino que opera junto a otros dos: el prorrateo y el umbral efectivo.

El prorrateo hace referencia al criterio de asignación de reparto de escaños en las circunscripciones. En las elecciones generales del Estado Español, este elemento combina un criterio territorial (a todas las provincias le son asignadas dos escaños, excepto a Ceuta y Melilla, a las que se les asigna uno) y demográfico (los doscientos cuarenta y ocho diputadas restantes se distribuyen entre las provincias en proporción a su población). Así, damos con un Estado divido en cincuenta provincias y dos ciudades autónomas, donde en más de la mitad, se reparten cinco o menos escaños. Ello supone la entrada al campo de juego de un elemento esencial, el umbral efectivo, que no es de carácter jurídico, sino producto del funcionamiento del sistema.

Por todas es sabido que el umbral legal en nuestro sistema electoral es del 3%, es decir, los partidos que hayan obtenido menos de ese porcentaje en la provincia en la que concurran no participarán para el reparto de escaños, sin embargo, esta barrera no es igual para todas las circunscripciones (Equipo Piedras de Papel, 2011). En este sentido, el umbral efectivo hace referencia al porcentaje mínimo de votos por debajo del cual en un distrito concreto, la probabilidad de un partido de obtener un voto equivale a 0, distinguiéndose así del umbral legal. En definitiva, el umbral efectivo es la barrera de entrada que el partido ha de superar en un distrito para optar al reparto de escaños. Por ejemplo, en circunscripciones donde se reparte cinco diputados (que son aproximadamente el 17% de los distritos), con cualquier fórmula electoral y en condiciones normales, es extremadamente difícil obtener un escaño con menos del 15-16% de los votos. Por si esto no es clarificador para la lectora, exponemos otro ejemplo: en Álava, donde se adjudican 4 diputadas, el porcentaje de votos que un partido ha de obtener para optar a un escaño es de aproximadamente el 10%, mientras que en Madrid, donde se reparten 36 escaños la barrera de entrada es de aproximadamente el 2,5%. Con todo, no pensemos que el umbral efectivo es un elemento estático; este variará según la concurrencia electoral y según el número de partidos presentados en el distrito.

En conclusión, podemos decir por un lado, que en las provincias pequeñas, la fórmula electoral es prácticamente irrelevante, pues los partidos grandes cuentan con una ventaja de facto y por otro, que la distorsión que la ley electoral genera se concentra exclusivamente en aquellos distritos de tamaño medio (aquellos en los que se adjudican entre 7 y 12 escaños). Lo problemático son los productos de la interacción que existe entre  la circunscripción, el prorrateo y el umbral efectivo. Hacer de nuestro sistema electoral un sistema verdaderamente representativo, por tanto, pasa por reformar el sistema de circunscripciones.

Bibliografía 

Equipo Piedras de Papel. “Un falso ladrón llamado D’hont.” En Aragón es nuestro Ohio. 2011.

Montero, José Ramón y Lago, Ignacio. Todavía no sé quiénes pero ganaremos: manipulación del sistema electoral español. Zona Abierta, 2005.

[1] Convención de género en la redacción. Dentro de las diferentes propuestas para no invisibilizar a ningún género, se ha optado en este artículo por utilizar el femenino para referirse a los y las ciudadanas, a los y las diputadas, los y las lectoras y los y las electoras.