Artículos de opinión

Matar la religión

Parece un lugar pacífico y tranquilo, pero Meggida (en Israel) es el lugar donde los cristianos creen que tendrá lugar el fin de la vida en la Tierra. La ironía de la religión es que, con su poder de desviar al hombre en direcciones destructivas, el mundo, de hecho, podría llegar a su fin. “El momento se acerca” (Rev. 1:3). “El lugar se llama Armagedón” (Rev. 16:16). “Pronto sembraremos el terror en los corazones de los no creyentes” (Corán; Azora, 3:151). Pero si uno cree que el mundo acabará en cualquier momento, ¿no nos quita la motivación para mejorar la vida mientras estamos en la Tierra? “Todo lo que está en vida, perecerá” (Corán; Azora, 55:26). El simple hecho es que las religiones deben morir para que la humanidad sobreviva. Se está haciendo tarde como para permitirnos el lujo de dejarles tomar las decisiones clave a las personas religiosas, a los irracionales, a aquellos que dirigen el barco del Estado, no con una brújula, sino por el equivalente de andar interpretando las tripas de una gallina. George Bush rezó mucho por Irak, pero no aprendió nada al respecto. La fe es hacer culto a la virtud del no pensar. No es como para presumir. Y aquellos que predican la fe y la permiten y la elevan son nuestros amos intelectuales, manteniendo a la Humanidad esclavizada por un mundo de fantasía y la irracionalidad que ha engendrado y justificado tanta locura y destrucción.

Un bonito grabado que representa la tolerancia y permisividad de la Iglesia Católica. Esta ha sido la política del cristianismo durante mucho tiempo: la Inquisición.

La religión es peligrosa porque permite a los seres humanos que no tienen todas las respuestas creer que sí las tienen. A la mayoría le encanta cuando oyen decir: “Estoy dispuesto, Señor. Haré lo que fuere que Tú me ordenes”. Salvo que como no hay ningún Dios hablándonos, ese vació es ocupado por personas con sus corruptelas, limitaciones y objetivos personales. Y cualquiera que les diga que sabe lo que sucede cuando mueren, les prometo que no lo saben. ¿Cómo puedo estar tan seguro? Porque yo no lo sé y ellos no poseen habilidades ni poderes mentales que a mí me faltan, al igual que yo no tengo facultades psíquicas superiores a ellos. La única actitud apropiada para que adopte el hombre y la mujer en cuanto a los grandes interrogantes no es la certeza arrogante que ha sido el sello de la religión, sino la duda. La duda es humilde, y eso es lo que necesitamos ser, considerando que la Historia humana es tan sólo una letanía de equivocarse por completo. “Durante esos días, el hombre buscará la muerte, pero no la encontrarán. Buscarán morir, pero la muerte les escapará” (Rev. 9.6). “La hora final no llegará a menos que se derrame mucha sangre” (Jadiz Sahih Musulmán, 41:6903).

Por esto mismo, la gente racional, los anti-religiosos, deben dejar de lado su timidez, salir del armario y hacerse valer. Y aquellos que se consideren moderadamente religiosos deben mirarse al espejo y darse cuenta de que el consuelo y el confort que les trae la religión tiene un alto coste. “Alabado sea Alá, Maestro del día del Juicio Final” (Surah al-Fatihah, 1:2-4). Si ustedes pertenecieran a un partido político o a un club social que estuviese involucrado en tanta misoginia, intolerancia, homofobia, violencia y la completa ignorancia, como lo está la Iglesia, renunciarían en protesta. Hacer lo contrario es facilitarlo, la esposa de la Mafia, casada con los verdaderos demonios del extremismo que consiguen su legitimidad de los miles de millones de sus compañeros de viaje. Si el mundo llegara a acabarse aquí, o en otro sitio, o si cojea hacia el futuro diezmado por los efectos del terrorismo nuclear inspirado en la religión, recordemos cuál fue el verdadero problema: que precipitamos el asesinato en masa antes de poder superar la enfermedad neurológica de desear que suceda. Eso es todo, crezcan o mueran. Mientras tanto, las gentes del resto del planeta seguirán llamado religión a lo que en psicología tiene un término descriptivo para las masas: esquizofrenia paranoide.