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Los eternos exiliados

En 1939 la guerra llegaba a su fin, el bando sublevado ganaba y todos los intelectuales republicanos tuvieron que exiliarse aunque, ciertamente, no todos tuvieron esa suerte, como Federico García Lorca. En total 500.000 españoles de diversa índole tuvieron que exiliarse, no solo escritores, también, políticos, trabajadores, filósofos, funcionarios, feministas, al fin y al cabo, todos aquellos que defendieron la República. Solo hay que recordar la llegada del buque británico al último bastión republicano, Alicante, que solo pudo llevarse a un número pequeño de gente, el resto, unos 14.000 acabaron en el campo de los Almendros, campo de concentración a unos tres kilómetros de Alicante. Muchos otros intentaron huir por Francia aunque desgraciadamente no mucho después se toparon con el Nazismo entrando en ese mismo país. De hecho, Max Aub acabó, tras pasar por varios campos de concentración, en uno de los más crueles situados en Argelia, Djelfa, cuyo sufrimiento se puede ver en su poemario, Diario de Djelfa. No obstante, la mayoría de exiliados huyeron a Francia, Inglaterra y Latinoamericana, sobre todo, a México y a Argentina. Lázaro Cárdenas del Río, presidente mexicano de 1934 a 1940, y después Manuel Ávila Camacho acogieron a los vencidos y les dieron asilo político. Por tanto, después de que acabase la Guerra Civil y hasta la publicación de La Familia de Pascual Duarte de Cela (1941) y Nada de Carmen LaForet (1944), los centros culturales de “España” se trasladaron a Buenos Aires y a México. Además de que no se puede olvidar de que la censura franquista, a todos los niveles, impedía una crítica literaria y una literatura, ya que por un motivo u otro los autores se veían obligados a autocensurarse o a publicar su novela con tachaduras, que en muchos casos, aún a día de hoy se sigue publicando la edición del libro censurada, y no el original, como ocurre con Tormenta de Verano de Juan García Hortelano. De hecho, muchos autores que tuvieron que lidiar con el Régimen franquista se decantaron por hacer una literatura “imposible”, es decir, escribir lo que se quiera aun sabiendo que no se iba a llegar a publicar, al menos, en España.

Luisa Carnés, Rosa Chacel, Max Aub, Ayala, Sender, Manuel Andújar, Pedro Salinas, Rafael Dieste, María Zambrano y un gran número de nombres más que quedaron postergados al olvido de una nación que ha sido “envenenada” por el Franquismo, que ha dejado un país desmemoriado, donde temas como la Guerra Civil, el exilio y el Régimen Franquista son temas a borrar de cualquier tipo de literatura. No es de extrañar que al final del Franquismo y al comienzo de la transición el único que fue recibido, como tuvo que ser recibido, fue Ramón J.Sender, ya que debido a un motivo u otro consiguió que sus novelas fuesen leídas durante los últimos diez años de Franquismo, sobre todo, las de peor calidad. En 1939 la literatura quedó paralizada y se dividió en dos o, al menos, así nos hicieron creer los críticos y los libros de literatura de segundo de bachillerato, tres únicos nombres, Max Aub, Ayala y Sender. Ni siquiera se recuerda a los miembros de la Generación del 27 que se vieron obligados a exiliarse, por no hablar de que Lorca no fue asesinado, murió. Sin olvidar que las mujeres, como siempre, ni siquiera aparecen, ni Rosa Chacel ni Luisa Carnés. No queda espacio ni siquiera para Ana María Matute o más posteriormente Adelaida García Morales.

Cuarenta años de dictadura y cuarenta años de transición son suficientes para reconocer el lugar que ocupan todos estos escritores e intelectuales, todas aquellas novelas que nos recuerdan el dolor de un exilio obligado y que se preguntan “¿para quién escribimos nosotros?” Por ello, nuestra obligación es rescatarlos del eterno exilio, igual que de desenterrar a todas las personas que todavía se encuentran en cunetas sin un entierro digno que les pongan nombres y apellidos. Obviamente, muchos críticos se han dedicado al estudio de estas obras pero cuántos conocemos a estos autores, cuántos de los que nos consideramos “republicanos” nos hemos preguntado ¿qué fue de los exiliados? ¿qué fue de su dolor? Y como recuerda Max Aub, El Remate es la puntilla de los exiliados, es decir, si los olvidamos, si no recuperamos su memoria, entonces, sí que habremos acabado definitivamente con todos estos intelectuales y no solo ellos, sino, también, con todas aquellas obreras que se marcharon para no ser asesinadas a mano de los vencedores.