Artículos de opinión Feminismo

Las tallas no son violencia, los cánones sí

El otro día vi este cartel hecho por Arran para el día 25 de noviembre, día internacional contra la violencia de género. En este podemos encontrar una frase “Cànons de bellesa irreals són violencia masclista” (Cánones de belleza son violencia machista) y debajo el hastag “#talla34ésViolència” (#talla34esviolencia). Así pues he decidido comentar que, al menos para mí, la talla no puede considerarse un acto de violencia machista.

Un canon estético podría describirse como el conjunto de aquellas características que una sociedad considera convencionalmente como hermoso o atractivo en una persona. Este concepto de canon tiene sus orígenes en la prehistoria, aunque primero tendríamos que hablar del patriarcado. Este se produjo a partir del origen de la propiedad privada: grandes desarrollos de la ganadería y la agricultura, entre otras fuerzas productivas, gracias al cual los hombres empezaron a ganar excedente y este pasaría a ser de una familia concreta. Con la intención de perpetuar la propiedad privada fueron dejándoselo a sus hijos, subyugando así el papel de la mujer a un mero órgano reproductor. En este contexto aquí también encontramos el origen de los cánones de belleza con la búsqueda de mujeres – por parte del hombre – con los órganos reproductores muy marcados (pechos, vientre, caderas anchas…) para el mejor desarrollo de su función reproductora. Al largo de la historia los cánones se han ido modificando junto con las necesidades que se mostraba requerido buscan en la mujer en cada contexto, aunque estos siempre se han mostrado presentes.

La imagen de fondo que podemos ver define el canon estético femenino (aunque los hombres también tengan un canon establecido, la presión social hecha sobre cada sexo no es la misma): cuerpos delgados, muy delgados, y con curvas. Este canon sí que merece ser criticado como violencia machista, ya que se trata de una presión estética que se nos hace con el anhelo de esa ficticia perfección que nos venden a través de anuncios, fotografías, películas, modelos… Estos nos muestran el cumplimiento de ese canon, esas normas no escritas sobre como se debe ser, como una necesidad para encajar en la sociedad (hecho potenciado por el capitalismo). En algunos casos se puede desarrollar esta necesidad como algo obligatorio, eso que necesitamos ser y que, por lo tanto, pueda crearnos una obsesión que pueda derivar en trastornos alimenticios como la bulimia o la anorexia. Obsesión presente, estadísticamente, en nueve mujeres y un hombre de cada diez personas.

Por el contrario, las tallas de ropa son solo una simbolización numérica de las diferentes anchuras de la ropa, una forma que hemos buscado para simplificar estas. No retractan en la talla la obsesión del canon. Criminalizar las tallas pequeñas también resulta una forma de opresión, aquella opresión de la que tanto se han quejado las personas anchas de cuerpo, a las personas con una constitución muy delgada.

La cuestión que ataca el feminismo no es el de destruir el canon impuesto y crear otro canon, sino la necesidad de destruir cualquier canon, tanto masculino como femenino. La destrucción del canon significará la pérdida del modelo estético preestablecido como perfecto y no de las diferentes medidas, representadas por tallas, de los cuerpos; se trate de tallas pequeñas o de tallas grandes.