Artículos de opinión

Las piernas del rap

Según datos de los organismos oficiales, hasta los estadios de fútbol en España son más tolerantes con la mujer que los conciertos de rap. Está demostrado que una mujer que asiste a un estadio de fútbol se ve rodeada de cuatro hombres, mientras que una mujer que asiste a un concierto de hip hop se ve rodeada ni más ni menos que de siete hombres. Así que si crees que la cultura del fútbol es machista, imagina cómo debe sentirse una mujer en la cultura del hip hop.

En su artículo titulado “El hip hop de Cataluña y España pertenece a los hombres blancos”, la periodista americana y amante del hip hop Shaina Joy Machlus denuncia que este movimiento en el Estado español se basa en una traducción errónea y una apropiación indebida de la cultura de los Estados Unidos. En resumen, la crítica subyacente a lo largo del artículo es que el hip hop en España está en manos principalmente de hombres blancos que utilizan la palabra puta demasiado frecuentemente (http://www.gentnormal.com/2015/11/el-hip-hop-de-catalunya-i-espanya.html).

Más allá de la evidencia basada en la experiencia y la observación de la periodista, en este artículo se pretende demostrar este fenómeno con datos comparables. De este modo, los datos de la “Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España” que publica el INE de forma quinquenal son los tomados como referencia por ser, probablemente, los más objetivos. Ante la ausencia de datos acerca del color de la piel de las seguidoras de la cultura del hip hop –los cuales permitirían demostrar que, como defiende Machlus, predomina el color blanco-, las siguientes líneas están basadas en los datos que sí que ofrece el INE: las diferencias entre hombres y mujeres (los dos únicos géneros que se contemplan en la encuesta).

La primera conclusión que se extrae de los datos es que, a nivel general, no hay diferencias significativas entre el género de una persona y su relación con la música. El cuatro arte gusta por igual a todo el mundo tanto a la hora de escucharlo como a la hora de asistir a conciertos y este es un hecho relevante para la siguiente reflexión.

Las diferencias entre géneros aparecen al dividir la música en estilos, reflejando que hay estilos que tienden a gustar más a las mujeres y otros estilos que tienden a ser preferidos por los hombres. Comparar los géneros de las personas que declaran haber asistido a conciertos de los distintos estilos de música permite establecer tres categorías: los estilos más femeninos, los estilos neutros y los más masculinos. En el año 2015, entre los conciertos donde se pueden encontrar a más mujeres que a hombres se encuentras los de canción infantil, nuevo flamenco, pop-rock latino, canción de autor y canción melódica. Entre aquellos estilos considerados neutros –a los conciertos de los cuales asisten hombres y mujeres sin diferencias mayores al 10% entre los dos grupos- se encuentran el pop-rock español, el jazz y el dance. Por último, los conciertos con una mayor audiencia masculina respecto a la femenina son los de flamenco, pop-rock extranjero, reggae, punk, electrónica y rap.

Es cierto que se pueden encontrar elementos de opresión de la estructura patriarcal en muchos de los estilos analizados. Sin ir más lejos, el estilo donde hay una mayor diferencia a favor de las mujeres es el de la canción infantil –en cuyos conciertos hay tres mujeres por cada hombre- y la explicación se encuentre probablemente en la presión ejercida contra las mujeres en términos de maternidad y crianza. Aún así, tal y como se indica al inicio del artículo, los datos reflejan que las mayores diferencias se experimentan en los conciertos de rap, donde el porcentaje de hombres es siete veces mayor que el de mujeres. La comparación de datos permite extraer una segunda conclusión: el rap es el estilo de música con mayor dominio masculino del Estado español.

Ante esta evidencia, la pregunta es obligada: ¿cuáles son las causas de este predominio de los hombres en el rap español? No existe una respuesta clara e inamovible al respecto pero sí se identifican elementos que ayudan al menos a acercarse a ella.

El primer motivo parecen ser las propias letras de las canciones de rap. Tal y como critica Machlus, el hip hop americano y el español tienen muchas diferencias pero un nexo en común: el lenguaje machista. Según la periodista, tan solo hace falta escuchar una canción de rap americano y una de rap español para darse cuenta de que si hay algo que las une es el uso peyorativo de la palabra bitch (o slut) y su traducción al español, puta. Y este es solo uno de los múltiples ejemplos que se pueden encontrar, muchos de ellos seguramente ocultos bajo una falsa cortina de amor romántico (podéis leer más acerca de este concepto de amor en el artículo que publicamos el pasado 4 de noviembre http://www.vozpartisana.info/2015/11/el-amor-romantico-mata/).

Pese a ser el lenguaje un motivo de peso, los datos del INE reflejan que la respuesta completa es aún más cruda. Atendiendo a los porcentajes de hombres y mujeres que escuchan rap –y que, por lo tanto, muestran preferencia por este estilo-, sigue siendo cierto que los hombres escuchan más rap que las mujeres pero la diferencia se reduce hasta únicamente el doble y esto sí que se deba probablemente al lenguaje machista de las letras. Por lo tanto, la mayor diferencia entre hombres y mujeres en lo que se refiere al rap es que, mientras que uno de cada tres hombres que escucha este estilo asiste a conciertos, en el caso de las mujeres el valor se reduce únicamente a una de cada doce. Habiendo mencionado anteriormente que, a nivel general, no hay diferencias significativas entre el porcentaje de hombres y el de mujeres que asiste a conciertos, la tercera conclusión que se extrae de los datos es que el rap es un estilo de música de hombres no sólo porque encima del escenario se utilice un lenguaje machista, sino también porque hay algo que hace que muchas de las mujeres que escuchan rap no asistan a los conciertos.

Los precios de los conciertos de rap no son más elevados que los de cualquier otro estilo de música, los directos de las artistas suelen incluir elementos atractivos para el público como las improvisaciones, freestyle o colaboraciones y las giras de los grupos de rap cada vez incluyen a más ciudades del Estado. Entonces, ¿por qué ocurre este fenómeno? Sin evidencia empírica al respecto, la propia experiencia y algunos debates generados con compañeras de fatiga parecen indicar que muchas mujeres no se sienten cómodas en la atmósfera que se crea en los conciertos de rap. Y es que la culpa de que el rap sea machista la tenemos todas, tanto las que subimos encima de un escenario como las que estamos en la pista en los conciertos.

Es cierto que existen en la actualidad algunos grupos de rap que no utilizan un lenguaje machista y otros que se declaran abiertamente feministas. Cuando en este artículo se ha hablado de la cultura del hip hop se ha referido a la gran mayoría del movimiento excluyendo a estos grupos y también a sus seguidoras. Aún así, parece que la tarea de estos grupos –cuyo alcance mediático suele ser limitado debido a que suelen mantenerse al margen de las grandes discográficas- y de las personas que les escuchamos no está siendo suficiente para revertir esta situación. Comparando las encuestas del INE de 2010 y de 2015 se demuestra que la situación está empeorando: mientras hace 5 años los porcentajes de mujeres y de hombres que escuchaban rap eran muy parecidos a los de hoy en día, en los conciertos de rap de 2010 había cuatro hombres por cada mujer. Es decir, las consecuencias de este elemento que hace que las mujeres no asistan a conciertos de rap se están agravando y debemos actuar con contundencia para que no se cumpla el desastroso destino que auguran los datos: un futuro en el que los conciertos de rap estén formados únicamente por hombres.

A pesar del desesperanzador diagnóstico, existen experiencias que hacen pensar que hay una luz al final de túnel. Y es que se identifican tres tipos de actuaciones que deberían contribuir a revertir la situación.

En primer lugar, el apoyo y promoción a aquellos grupos cuyas letras son explícitamente feministas. El festival feminista y antirracista La rima Hip Hop Fest (https://larimahiphop.wordpress.com) que tuvo lugar los pasados 10 y 11 de octubre en el barrio barcelonés de Nou Barris o el proyecto Femcees (http://www.verkami.com/projects/9959) son claros ejemplos de lucha en este ámbito.

En segundo lugar, la colaboración en la creación de nuevos grupos de rap que incluyan la perspectiva de género en sus letras. En Valencia, por ejemplo, la Associació Sura realizó recientemente talleres de rap contra la violencia machista con jóvenes que participan en la entidad en colaboración con artistas reconocidos por su compromiso social, cuyo resultado es la canción “Estima’m lliure” (https://www.youtube.com/watch?v=Wo3Wal8_7y0).

Por último, que todas las personas que nos consideramos parte de esta cultura tengamos como máxima prioridad el contribuir desde todos los espacios posibles a crear una atmósfera donde todo el mundo tenga cabida. Incluyendo también –y aunque los datos del INE no han permitido hacer de éste un tema central del artículo- el de identidades distintas al CIS género.

Debemos hacer de la autocrítica, la autoconsciencia, la información y el diálogo elementos vertebrales de nuestra relación presente y futura con el rap. Y es que todo el mundo –incluidos hombres blancos CIS género- tiene el derecho de formar parte de esta cultura. No es cuestión de que los hombres levanten el culo del asiento para dejar que las mujeres se sienten en él, sino de abandonar la postura de macho, cerrar las piernas y compartir el banco.