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Carta de una niña al Rey

14/11/1495

Su majestad:

Hoy mi padre ha sido detenido, torturado y finalmente asesinado acusado de crímenes que no se habían probado; se le ha detenido porque supuestamente había asesinado a varias personas de nuestro pueblo con herramientas que tenía en su herrería y que habían traido quienes fueron a las Indias. Por unas herramientas que no eran suyas y que le tuvieron que enseñar a utilizar ahora mi padre está muerto y en nuestra casa no entra dinero con el que pagar al señor feudal. Desde que la Iglesia Católica lo mató sin un juicio, todos los herreros del pueblo están siendo despojados de sus talleres, herramientas y tierras. El cura nos ha obligado a informar si conocemos la existencia de talleres de herreros clandestinas, pues si lo ocultamos correremos la misma suerte que mi padre.

A su majestad, como Rey nuestro y en nombre de mi pueblo y de mi como musulmana conversa al catolicismo, le pido que no permita más torturas en nombre de la religión católica. El Corán nos enseñó que la violencia es condenada por el Profeta, como la Biblia nos enseña que cualquier violencia será castigada por el Mesías… Están sembrando el terror en los pueblos vecinos y los herreros están cerrando sus talleres por miedo a morir injustamente. El terrorismo no tiene ninguna religión y ninguna religión nos enseña a matar, sino a vivir como hermanos.

La sangre y los llantos llegan a las puertas de nuestra pequeña casa. No podemos caminar por las calles del pueblo sin que nos insulten los vecinos, llego todos los días llorando a casa porque yo se que mi padre no era ningun asesino. Si Dios quiso que viviéramos en paz, no deje que la Inquisición acabe con la paz.

Haadiya Jarad