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40 años ¿sin? el Caudillo

Españoles, Franco, ha muerto“, así comenzaba el comunicado que dio el presidente del gobierno Carlos Arias Navarro (futuro militante de Alianza Popular), en TVE el 20 de noviembre de 1975.

Francisco Franco Bahamonde, el Caudillo, había muerto, finalizaba de esa manera un periodo de treinta y seis años de dictadura, represión y persecución política, amparados, por las potencias occidentales durante la Guerra Fría, quienes veían en la Dictadura Franquista un gran aliado contra el Bloque Socialista; treinta y seis años que dejaron en España cientos de miles de personas enterradas en cunetas, otras miles exiliadas y presas por razones políticas, y otras muchas miles de personas que emigraron al extranjero debido al paro y la precaria situación del estado; tras una guerra civil de tres años, tras un golpe de estado, apoyado por la Alemania Nazi, la Italia Fascista y la Portugal del “Estado Novo”, contra el gobierno de la Segunda República. Unos crímenes que, a día de hoy, siguen impunes, sin haber sidos juzgados por ningún tribunal.

En 1967, Franco había designado como su heredero a su amigo y protegido, el que después se convertiría en el rey Juan Carlos I, a quien consideraba como su nieto, quien a su vez designaría presidente del gobierno al año siguiente, tras la dimisión de Arias Navarro, a Adolfo Suárez, quien había sido Director General de RTVE entre 1969 y 1973 (aquella RTVE del No-Do), el hombre que se encargó de legalizar todos los partidos ilegalizados por el Régimen Franquista y de implantar un régimen pluripartidista en España; firmando la legalización de partidos como el PSOE de Felipe González o el PCE de Santiago Carrillo, a cambio de la impunidad de los crímenes cometidos por los jerarcas del Régimen {entre ellos el propio Suárez, Blas Piñar (fundador del grupo ultraderechista Fuerza Nueva), o Manuel Fraga, fundador de Alianza Popular (antecesora del PP)} y a cambio de que todos las grandes oligarquías que se habían alcanzado un gran poder durante la Dictadura {como GOA (predecesora de Inditex), el Banco Santander, el Corte Inglés, el Grupo Planeta, o la Casa del Ducado de Alba} no perdieran el poder que habían acumulado. Condiciones bajo las se firmaron los Pactos de la Moncloa de 1977.

Y cuarenta años, cuatro décadas después; cientos de miles de personas siguen enterradas en cunetas, ya que, al parecer, para el Estado es más prioritario desenterrar los restos de Miguel de Cervantes.

Los crímenes de la dictadura siguen impunes, siendo rechazadas todas las peticiones de extradición del extranjero para juzgarlos, penalizando todos los intentos procedentes del interior del Estado de juzgar esos crímenes y con el estado ignorando de continuo las peticiones de los familiares de esas víctimas; mientras, ex-torturadores oficiales de la difunta dictadura franquista, como Antonio González Pacheco “Billy el Niño” o los hermanos Jesús y Miguel Ángel González Reglero, campan a sus anchas por el estado, llegando estos dos últimos a ser comisarios de las madrileñas localidades de Leganés y Getafe respectivamente, entre 2012 y 2014.

Todas las estructuras estatales y judiciales creadas por la dictadura siguen siendo utilizadas hoy en día, pero con un nombre distinto, entre ellas, el Tribunal de Orden Público, que en 1977 cambió su nombre por el de Audiencia Nacional, también merece especial mención el edificio de la Dirección General de Seguridad, un edificio en el que durante la Dictadura se realizaron cruentas torturas y asesinatos, un edificio que, no obstante, hoy en día es usado para dar las campanadas de Año Nuevo.

Y todos los oligarcas que se enriquecieron gracias a la dictadura, siguen siendo aún las personas más ricas y poderosas del estado fortunas cimentadas en el amiguismo y los favores políticos (lo que muchos llaman “capitalismo de amiguetes”), una estructura política que sigue vigente hasta hoy día.