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El Vuelo 455 de Cubana de Aviación

No han sido pocas las veces que el gobierno estadounidense y la oposición cubana han intentado desestabilizar al gobierno socialista de Cuba a lo largo de las últimas cinco décadas. Recurriendo a todo tipo de estrategias: bloqueos económicos y comerciales, complots para matar al ex-presidente Fidel Castro, atentados terroristas, incluso invasiones directas de la isla caribeña; todo valía para la oposición anti-castrista, liderada por la mafia cubana que campaba a sus anchas por Cuba, prácticamente gobernándola, durante el régimen de Batista, hasta que tuvo que exiliarse en Miami tras el triunfo de la Revolución en 1959.

Ha habido casos especialmente sangrantes de intentos de desestabilización:

La Invasión de Bahía Cochinos de 1961, en la unos 1500 mercenarios, pagados por la mafia cubana y entrenados por la CIA, desembarcaron en Playa Girón con objeto de derrocar al recién instaurado gobierno revolucionario, invasión que, sin embargo, fue derrotada en sólo cuatro días.

Una serie de atentados terroristas en los hoteles más turísticos de La Habana en 1997, que se acabaron cobrando la vida un turista italiano, con bombas colocadas por mercenarios centroamericanos.

Y, por supuesto, está el caso por cuyo aniversario estoy escribiendo este artículo, el atentado terrorista del Vuelo 455 de Cubana de Aviación:

Seis de octubre de 1976, el Vuelo 455 de Cubana sale desde Guyana destino a La Habana, con escala en Trinidad, Barbados y Jamaica; nueve minutos después de su escala en Barbados, explotan dos bombas colocadas en el cuarto de baño trasero del avión, que acaba estrellándose en las aguas del Caribe, las 73 personas que iban a bordo (57 de nacionalidad cubana, 11 de nacionalidad guyanesa y 5 de nacionalidad norcoreana) mueren en el impacto.

Una auténtica masacre financiada por la mafia de Miami, planificada por dos agentes cubanos entrenados por la CIA: Orlando Bosch Ávila, y Luis Posada Carriles (autor intelectual también de los atentados de 1997 ya mencionados), ambos arrestados en Venezuela una semana después. Sin embargo, Posada logró fugarse a Panamá justo antes de que se dictase la sentencia sobornando a las autoridades venezolanas, Bosch, por su parte, cumplió 11 años de prisión tras ser indultado en 1987, un castigo irrisorio por haber matado a 73 personas. En 2005, el gobierno venezolano (ahora con Hugo Chávez al frente) pidió a la administración de George W. Bush la extradición de ambos terroristas para volver a juzgarlos, petición denegada por el gobierno norteamericano, alegando que “corrían el riesgo de sufrir torturas en suelo venezolano”, retirándoles los cargos finalmente en 2007, y en 2008, ambos terroristas recibieron el indulto definitivo por parte de la por entonces recién nacida administración de Barack Obama.

Bosch murió en 2011 sin haber pagado por sus crímenes, mientras que Posada vive hoy en día tan tranquilo en Miami, a sabiendas de que muy probablemente él tampoco acabará pagando por sus fechorías.