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El 11-S latinonamericano

Supongan que en el 11 de Septiembre los aviones hubiesen bombardeado la Casa Blanca, asesinado al presidente, establecido una dictadura militar, asesinado y torturado rápidamente a miles de personas, construido un centro de terror que llevase a cabo los asesinatos, derrocando gobiernos por todas partes, instalando otras dictaduras, dirigiendo al país hacia la mayor crisis de su historia, teniendo que pedir rescate financiero al Estado. Supongan que eso hubiese sucedido. Sucedió. En el primer 11 de Septiembre, en 1973, en el Chile de Allende. Sólo que nosotros fuimos responsables de que sucediese, así que nunca sucedió.” Noam Chomsky.

11 de septiembre de 1973, cuando todavía no había amanecido en Chile, una escuadra de las Fuerzas Armadas, comandada por el ultraderechista general Pinochet (quien, por ironías del destino, apenas 20 días antes había sido nombrado Comandante en Jefe del Ejército por el presidente Allende, tras la forzosa renuncia del general Prats), tomaba la ciudad de Valparaíso, había comenzado un golpe de estado militar contra el gobierno de Salvador Allende.

Pasadas las 7 de la mañana, Allende, alertado desde Valparaíso, se encerraba en el Palacio Presidencial de La Moneda (Santiago de Chile), junto al fusil AK-47 que le había regalado Fidel Castro, y mandaba un mensaje a la nación en el que anuncia la sublevación, pero no llamaba al pueblo a la resistencia ni a tomar las armas, sino a la prudencia, teniendo fe en poder sofocar el golpe. Craso error, a las 10, los tanques de los golpistas ya estaban en el perímetro de La Moneda, y a las 11:30 comenzaban a bombardear el edificio presidencial desde tanques y aviones; pasado el mediodía, deciden tomar el edificio, momento en el que, según la versión oficial (de dudosa veracidad), Salvador se volaba la cabeza con el fusil que le había regalado Fidel Castro al grito de: “¡Allende no se rinde, milicos de mierda!”, mientras, miles de personas se echaban a las calles al grito de “¡Allende, el pueblo te defiende!”, pero ya era tarde, el golpe había triunfadoComenzaba así una dictadura militar que duraría 17 años, caracterizada por el terrorismo de estado, unas torturas inauditas y especialmente sádicas y la desaparición forzosa de decenas de miles de personas (la mayoría asesinadas y abandonadas en el desierto o arrojadas al mar), hasta que, en 1990, Pinochet dimitía tras un referéndum y comenzaba así una “Transición Democrática”, muy parecida a la española, en la que los crímenes de la dictadura quedaron impunes, Pinochet finalmente murió en 2006, sin haber pagado por sus crímenes.

Este golpe de estado fue parte de la llamada Operación Cóndor, una operación organizada por la CIA consistente en la coordinación de varios golpes de estado contra gobiernos de carácter progresista o antiimperialista en Sudamérica, para asegurar la hegemonía neocolonial de Estados Unidos: El de Alfreso Stroessner en Paraguay (1954), el de Castelo Branco en Brasil contra João Goulart (1964), el de René Barrientos en Bolivia (1964), el auto-golpe de Juan María Bordaberry en Uruguay (1973), el de Jorge Videla en Argentina contra el peronismo (1976), y por supuesto, el de Augusto Pinochet en Chile contra Allende (1973). De todos, el caso que parece más especial, incluso podríamos decir “sangrante”, es, tal vez, el de Chile, no sólo por lo cruento del desarrollo del golpe, si no también por el especial ahínco que pusieron desde EEUU en su derrocamiento, especialmente por parte del secretario de estado Henry Kissinger, que estuvo preparando este golpe incluso desde antes de la victoria electoral de Allende con Unidad Popular (coalición del Partido Socialista, el Partido Comunista y varios partidos de izquierda cristiana) en 1970, durante tres años, Chile sufrió una guerra económica, boicots productivos, incluso agentes de la CIA se infiltraban en las huelgas organizadas por la burguesía chilena que paralizaban el país, todo para combatir la nacionalización de empresas (especialmente la del cobre) del gobierno de Allende, el golpe finalmente se llevó a cabo después de que Allende decidiese convocar un plebiscito para poner su cargo en manos del pueblo, pero el golpe se dio antes de que se llevase a cabo el plebiscito. Como bien dijo Ernesto Guevara: “No se puede confiar en el imperialismo, ni tantito sí.”